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4 trucos para esconder el miedo escénico y que nadie lo note

esconder el miedo escénico

El miedo escénico o miedo a hablar en público es más normal de lo que te imaginas. En mayor o menor medida lo sufrimos todos, incluso los que hemos hablado muchas veces en público.

El sábado pasado oficié una boda en Mallorca y durante toda la mañana estuve con el estómago revuelto. No lo puedo evitar. Bueno, no del todo.

El asunto es que el miedo escénico se puede controlar como vimos en este vídeo sobre el Flujo de la Ansiedad. Pero hay ocasiones en las que no logramos hacerlo del todo y llegamos al lugar de la presentación con un nivel de ansiedad algo más que incómodo.

¿Qué hacer en esos momentos en los que, por muy bien que nos hayamos preparado, seguimos sintiendo esa ansiedad por tener que hablar en público?

La clave está en esconder el miedo escénico

Lo importante es que tu mensaje salga de manera efectiva y que el público te perciba como la autoridad que eres, desprendiendo seguridad.

Al esconder el miedo escénico, dejas de hacer evidente tu ansiedad y el público presta atención a lo que de verdad importa: tu mensaje.

En este vídeo comparto contigo cuatro maneras de esconder el miedo escénico para que puedas mantener tu imagen como la autoridad que eres, desprendiendo credibilidad y seguridad, aunque por dentro esos nervios te estén devorando.

 

4 maneras de esconder el miedo escénico

Para que conste en acta, te resumo los cuatro trucos que puedes usar para esconder el miedo escénico y evitar despistar al público con lo que no toca.

1. Ten las manos libres

Cuando sostienes cualquier objeto con las manos, puede ocurrir una de estas dos cosas que delatan tu miedo escénico.

  • Las manos te tiemblan y el objeto, como extensión de una de tus manos, hace que esto se vea más. Prueba a sostener un folio y a simular un tembleque. ¿A que se nota a leguas?
  • Las manos juegan de forma nerviosa e inconsciente, y por la misma regla de tres del temblor, desvía la atención de la gente a ese jugueteo.

Si sueltas todos los objetos y mantienes las manos libres, podrás gesticular de manera abierta y natural. Y por mucho que te tiemblen las manos, al gesticular con normalidad, nadie lo notará.

2. Bebe agua

La ansiedad que produce tener que hablar en público reseca la boca. A veces la reseca tanto que se nos pone pastosa y hacemos unas muecas horribles. Como una vaca pastando. Y eso se nota y queda feo.

Es fácil suavizar estas muecas si humedecemos la boca bebiendo agua antes de la ponencia y, si es necesario, incluso durante ésta.

May Serrano me dio un truco alternativo que parece que usan en teatro. Si mentalmente te mandas la orden “haz saliva”, inmediatamente produces saliva y se te humedece la boca, contrarrestando la sequedad. Lo he probado y me ha funcionado, aunque no de manera consistente. Así que tendré que hacerlo con mayor convicción.

3. Ten tus notas cerca

No en las manos, pero sí a mano. Ya sea en el bolsillo o en una mesa contigua. Sirven como un seguro de vida donde, si se te olvida lo que tienes que decir, basta con echarles un vistazo rápido para poder recuperar el hilo.

Para ello es importante que estén bastante bien esquematizadas y resumidas, escritas en letra grande. Así el vistazo será realmente rápido, evitando hacer demasiado evidente el momento de consulta.

4. Usa un atril

No es ni en sombra mi método preferido porque el atril es una barrera física que hace también de barrera emocional que dificulta la conexión con el público.

Pero si te mueres de miedo y necesitas ese escudo protector, más vale hacerlo conectando “menos”, que no hacerlo y punto. ¿No?

La idea detrás de estos cuatro trucos es no hacer el miedo escénico evidente. Porque cuando no lo haces, es muy probable que nadie se dé cuenta de que lo tienes.

Y si aun con ese miedo escénico logras el objetivo que te has marcado, el éxito de tu ponencia está a la vuelta de la esquina.

¿Que otros trucos conoces para esconder el miedo escénico?

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Comentarios

  1. Algo que me ha funcionado ha sido dirigir mi mensaje visualmente hacia una persona y a la primera que logre su asentimiento con la cabeza (como un “ajá”) cambio a otra persona, de esa manera me enfoco de a una persona por vez y así no tengo consciencia de que me encuentro frente a una multitud. Muchas gracias.

    • Hola Rodrigo. El contacto visual individual es muy potente porque da la impresión al público de que estás hablando con cada individuo. Gracias por tu aportación.

  2. Hola Sebastian.
    Mi hija mayor toca el cello y 5 minutos antes de la ultima charla que dí escuche el vídeo que gravé en una audición. Eso me ancló con un momento muy felíz y me llenó de energía positiva.
    Gracias, lo de las notas lo pondré en práctica

  3. Gracias Sebastián y a todos los que han aportado “trucos” en los comentarios. A mí el que me funciona siempre es la SONRISA. Siempre sonrío, más si cabe cuando estoy tensa, para esconder esa tensión escénica. La sonrisa es contagiosa, y unida a un adecuado contacto visual, como apunta Rodrigo, ayuda a distender el momento y me relaja. Me quedo también con la aportación de Mar .. un “anclaje positivo”. GRACIAS !! Olga

    • Pues sí. La sonrisa es una de las mejores armas. No sólo se contagia y pone a la gente de “mejor” humor. También te autosugestiona para que te sientas bien.

      Gracias por tu comentario, Olga.

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