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Aprendiendo a hablar en público con el guía turístico

Europa: el “viejo” continente. Cuna de la cultura occidental con siglos de historia dignos de ser contados. Recibe anualmente millones de turistas ávidos de conocimiento, de experiencias, de aventuras distintas. Para satisfacer tal necesidad existen, en toda ciudad que se precie, empresas que ofrecen visitas guiadas (principalmente) de sus zonas más emblemáticas y de mayor interés histórico.

Hace unos años conocí un modelo de tour que me llamó mucho la atención y del que me he hecho fan desde entonces. Se trata del modelo de tour gratuito, ofrecido por diversas empresas a lo largo y ancho del continente, en el que se capta al cliente con el gancho de que “pagas sólo si te gusta y el importe que te parezca justo”. Interesante porque decide uno mismo la retribución que merece el guía quien se ve obligado a dar lo mejor de sí para obtener el máximo beneficio. Esto produce una casi inevitable situación ganar-ganar.

En mi más reciente viaje a Berlín, participé en dos tours gratuitos distintos (Berlín Histórico y Berlín Alternativo) y pude darme cuenta de algunos detalles que hacen que un guía turístico destaque sobre los demás. Éstos pueden ser perfectamente trasladados al campo de la oratoria; al fin y al cabo, guiar a un grupo de turistas es una de las tantas maneras de hablar en público. Dentro de este modelo de negocio, el guía debe obtener, mantener y jugar con el interés de la gente a base de un gran conocimiento y una buena puesta en escena, porque de otro modo se juega no poder pagar el alquiler el mes siguiente.

¿Cómo lograrlo? Teniendo en cuenta los siguientes puntos:

Preparación extensiva: Es importante tener un conocimiento extensivo de la materia, de la ciudad, de su historia. No basta con haber vivido allí. Hay que investigar en tantos medios como sea posible, no sólo para la presentación, sino también para satisfacer las inquietudes de los turistas que, en muchas ocasiones hacen preguntas muy rebuscadas y retorcidas (lo digo porque yo soy uno de ésos). La gente paga principalmente por esto.

Guión predeterminado (aunque flexible): Por supuesto, tras una rigurosa investigación, hay que montar el muñeco. Hace falta trazar un “mapa de ruta narrativo” que vaya en consonancia con la ruta geográfica a recorrer. Sin agobiar con demasiada información, hay que crear un guión que cubra la historia de manera entretenida, sabiendo de antemano que el público será muy variopinto. Aún así, conviene aprovechar el conocimiento obtenido en el punto anterior para variar dicho guión siempre que sea necesario.

Lanzar preguntas al público frecuentemente: De niños ya escuchamos demasiados sermones; de adultos no queremos más. Un buen guía turístico no sólo cuenta su historia, sino que es capaz de hacer que los turistas se sientan participantes activos en dicha historia. ¿Cómo? Haciendo preguntas de forma frecuente, retóricas o no. Preguntas a medida que va explicando cosas nuevas y preguntas para recordar temas ya tratados. Esta técnica es muy útil porque (1) hace que los turistas (que contestan) se sientan también conocedores del tema, (2) los entretiene debido a su carácter interactivo y, (3) los mantiene alerta (“no vaya a ser que me pille fuera de base”).

Usar humor tanto como la situación lo permita: Otra manera de captar y mantener la atención de las personas es haciéndolas reír. Si durante el trayecto se salpica la historia con un poco de humor, no sólo se mantendrá al público turista entretenido, sino que será más sencillo mantenerlo interesado en el tema durante el transcurso del tour. Ojo, que no se trata de actuar como un payaso dando botes y haciendo tonterías. Se trata de hacer comentarios inteligentes de forma inesperada y con algo de sarcasmo, aunque siempre de manera respetuosa hacia aquéllos que escuchan y sobre aquéllos de los que se habla.

Usar un lenguaje coloquial evitando tecnicismos: Un tour por el casco antiguo de una ciudad puede prestarse a conceptos arquitectónicos (e incluso históricos) de gran complejidad para el ciudadano de a pie (me incluyo en este grupo). Para asegurarse de que todos entiendan la presentación, el guía debe (1) pedir a las personas que se presenten (para conocer al menos sus nacionalidades) y, (2) usar un lenguaje coloquial, llano y lo más internacional posible (en el idioma en cuestión). Esto elevará las probabilidades de mantener a la gente mentalmente presente y atenta.

Controlar los tiempos: Los límites de tiempo existen porque éste es un bien escaso; si se plantea un tiempo límite, éste debe ser respetado. Un buen guía turístico es capaz de, dentro del tiempo estipulado, ofrecer la cantidad justa de información de manera que informe, entretenga y deje al público satisfecho. Si se pasa del límite, la gente desconecta, pierde el interés o directamente desaparece. Si no llega al tiempo estipulado, el público se queda esperando más… Aquí entra la importancia de un guión bien estudiado, así como del buen manejo de la ruta y de las preguntas hechas por los turistas durante el trayecto.

Dar pistas sobre algunos temas y dejarlos abiertos para despertar la expectación: Dos frases potentes que escuché durante el primer tour: “No os diré qué es para que os pique la curiosidad”, y “La verdadera razón de la caída del muro la conoceréis al final del tour”. Si el guía comienza a contar algo interesante y, justo en el momento álgido, indica que, para conocer el desenlace hay que esperar al final, los oyentes quedarán en expectativa hasta que el tour termine, aunque también harán todo lo posible por mantener la atención por si acaso suelta algo de prenda en el momento menos esperado.

Cerrar el círculo terminando con algún tema tratado al inicio: Las pistas que han sido lanzadas y se han dejado abiertas hasta el final, deben ser satisfechas entonces. Más consciente que inconscientemente, el público espera hasta ese momento para escuchar dicha información y se encuentra a la expectativa de conocer cómo termina la historia. Si el guía incumple su “promesa”, los turistas pueden quedar con un mal sabor de boca ya que la técnica usada para mantener la atención del público no ha sido honesta. En cambio, si al final del todo el guía termina de atar los cabos sueltos, los turistas se sentirán satisfechos; si además la conclusión es emocionante, la sensación será comparable al desenlace de una película.

¿Tener desparpajo?: Ciertamente, hay personalidades que facilitan la labor; mente abierta, extroversión, falta de vergüenza, delirios de grandeza… No obstante, tal y como he podido darme cuenta, todo el que se pone, aprende a hablar bien en público.

Arte urbano en Berlín

Como con casi todos los oficios, la labor de guía turístico no significa dinero fácil. Hay que trabajar duro antes, durante y después de cada grupo para hacerlo bien. Aun así, puede resultar muy divertido, muy emocionante, muy enriquecedor. Y es oratoria en toda regla. A veces me pregunto por qué no me he dedicado a ello. Supongo que para evitar las inclemencias del tiempo durante los meses de invierno. Al fin y al cabo, siempre podré hablar en público bajo techo, aunque me seguiré apuntando a toda la visita guiada que pueda a ver a cuál de los guías otorgo el premio gordo.

Para más información sobre tours gratis de ciudades europeas, ésta es la página de la empresa con la que más lugares he conocido. Pinchar aquí.

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