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10 trucos sencillos para potenciar la autoconfianza al hablar en público

autoconfianza

¿Cuánta confianza te produce una persona que no confía en sí misma?

Imagina que eres responsable de compras de una empresa multinacional y que te ha venido a visitar un comercial de la competencia directa de tu proveedor más importante. Lo recibes con otras tres personas cuya opinión te ayudará a tomar la decisión más acertada.

Durante su presentación notas que no te mira a los ojos, que respira de manera entrecortada, que su discurso no es contundente, más bien vago y con frases entrecortadas. Hay algo que te genera mal rollo. Algo que te dice que esa persona tiene un problema de autoconfianza. Y eso se transmite a tu propia percepción de lo que te está intentando vender.

¿Compras o no? Si eres medianamente normal, puede que a la primera de turno lo mandes a paseo ya que tienes mejores cosas que hacer. Y con el rabo entre las piernas, se va de tu despacho, no sólo no habiendo cerrado un trato contigo. Probablemente habiendo cerrado las puertas de tu empresa para siempre.

La falta de práctica es enemiga de la autoconfianza

En el día a día de los negocios, coordinamos, dirigimos y transmitimos información para alcanzar objetivos. Por pura cuestión de práctica frecuente, tratar con personas en situaciones de uno-a-uno se nos da medianamente bien.

Pero surge un problema cuando tenemos que trasladar esas situaciones de uno-a-uno a otras en las que hablamos ante varios interlocutores, ya sean 3, 30 ó 300. Por falta de práctica y formación, no estamos acostumbrados a hablar en público y cuando la situación se tercia, nos cuesta mares. Y es que, por falta de exposición y callo, nuestro nivel de autoconfianza en contextos de este tipo no suele estar por las nubes, sino todo lo contrario.

Por desgracia o por suerte, cada día se hace más evidente la necesidad de comunicar de manera efectiva para poder progresar profesionalmente (y en consecuencia aspirar a un mejor estilo de vida). Porque de nuestra capacidad de transmitir bien nuestras ideas dependerá cuánto éxito tengamos con ellas y cuánto éxito tengamos nosotros como individuos.

Independientemente de nuestro perfil profesional, si queremos llegar lejos en el mundo empresarial, tenemos que ser capaces de comunicar eficazmente. Y eso incluye hablar bien en público.

Hablar bien en público es complicado si no proyectamos autoconfianza

Hablar en público puede ser una de las actividades más estresantes para cualquier profesional. Muchos dicen que puede dar más miedo que la muerte. Exageración o no, lo que está claro es que cuando hablamos en público aumenta nuestro nivel de ansiedad, a veces a niveles incontrolables. Cuando esto ocurre se produce una serie de reacciones fisiológicas, en ocasiones muy visibles, que juegan en nuestra contra.

Algunos ejemplos:

  • Nos tiemblan las manos, las piernas y la voz.
  • Se nos reseca la boca y comenzamos a hacer unas muecas ridículas (ver ejemplo en este vídeo).
  • Nos cubrimos con los brazos, como si protegiéramos nuestros órganos vitales de una amenaza de muerte.
  • Los pies comienzan a moverse cual bailarina de ballet, instándonos a salir pitando.

Éstas y otras tantas reacciones nos delatan y ponen en tela de juicio nuestra autoconfianza y con ésta nuestra autoridad en la materia. Porque cuando nuestras palabras dicen una cosa mientras que nuestro cuerpo dice otra completamente distinta, el interlocutor comienza a dudar de la veracidad de las palabras que decimos.

Pero si además reconocemos abiertamente que estamos hechos basurilla, pedimos disculpas por no estar a la altura, y admitimos que estamos nerviosos, demostrando que nos hemos dejado la autoconfianza en casa, apaga y vámonos. En una presentación de trabajo, esto equivale a suicidio.

Claro, pedir peras al olmo nunca ha sido sensato. Por ello mismo, tampoco podemos pedirle a la gente normal (aunque un poco friqui, me considero normal) que con un chasquido de dedos haga desaparecer sus miedos e inseguridades, y como por arte de magia se arme de valor y autoconfianza. Como hace Clark Kent al meterse en una cabina telefónica.

No obstante, sí podemos hacer unas cuantas cosas para proyectar una imagen de mayor seguridad y transmitir un nivel de autoconfianza que cumpla con las expectativas de quien nos escucha. O lo que es lo mismo, que nuestra seguridad pase a un segundo plano y deje de importar.

10 consejos para potenciar la autoconfianza al hablar en público

La autoconfianza es como un músculo. Hay que ejercitarla para que se desarrolle. Sin ese trabajo previo, será pequeña y débil. Pero con dedicación, puede crecer y llegar a su máximo potencial.

1. Habla sólo de lo que sabes

A priori evidente, pero en ocasiones hacemos presentaciones ajenas o sobre temas que no dominamos. Como no controlamos del todo la temática, se hace complicado explicar las cosas con nuestras propias palabras y nos mostramos poco naturales al hacerlo. Y si, además, perdemos el hilo y no tenemos nuestras notas a mano, se lía parda porque no nos es posible recuperar el ritmo sin que se note la incomodidad.

En la medida de lo posible, habla sólo de los temas que dominas. Se te facilitará muchísimo la vida y podrás aportar mucho más a tu público.

2. Prepáratelo bien

No, no basta con hacer un bosquejo de lo que quieres contar, ni crear diapositivas sin ensayarlas. Es importante sentarse a pensar en lo que queremos decir teniendo en cuenta quién es el público y cuál es el objetivo de la presentación. Definir un mensaje principal, elaborar un guión bien estructurado y ensayarlo.

Tu experiencia sobre algo es muy difícil condensarla de manera eficiente en 15 minutos de charla. Si no te preparas bien, te irás por la tangente, hablarás de cosas inconexas sin un fin determinado y te tropezarás contando las cosas. Y cuando esto ocurra, dejarás a la gente sin una idea clara de lo que cuentas y con la impresión de que tú tampoco lo tienes demasiado claro.

3. Créetelo

En su libro “Historia de un secuestro”, Carmen Cordón tiene una frase que me ha cautivado:

“Creer es la raíz y la fibra del entusiasmo, es el camino seguro del éxito, el cimiento que debe conformar la vida de los hombres para que pueda pasar de ser gris y aburrida a una emocionante aventura para lograr sus  metas.” tweet

Si no te crees tu propio discurso, te resultará complicadísimo lograr que otros lo crean. En cambio, si te lo crees y lo cuentas con pasión y entusiasmo, será mucho más fácil que te hagan caso.

4. Relájate

Aunque te prepares bien, los nervios juegan malas pasadas. De ahí las reacciones fisiológicas desagradables. Sirvan o no para algo, hay un punto en el que se hacen insoportables y pueden restar fluidez a la ponencia. Por eso, antes de iniciar, yo siempre recomiendo apartarse un rato a respirar profundo y meditar sobre esa respiración, contando los segundos de inhalación y exhalación.

Está probado que la respiración profunda ayuda a liberar tensión física. La meditación nos trae al momento presente y aparta a la voz interior negativa que nos machaca diciéndonos que “no va a salir bien”.

5. Esconde los nervios

El miedo a hablar en público suele ser una película. Y como tal, es menos real de lo que creemos. Por ello, en muchos casos, el público ni siquiera se da cuenta de que estamos nerviosos. No obstante, en algunas ocasiones, no podemos evitar expresar abiertamente que lo estamos. Y cuando lo hacemos, dirigimos la atención de la gente a esos nervios.

  • No lo digas abiertamente; guárdatelo para ti.
  • No sostengas cosas en las manos para que no se vea que tiemblan.
  • Bebe agua para humedecer la boca y evitar que hagas muecas feas.
  • Ten tus notas cerca por si se te va el hilo; así no pondrás cara de póker cuando se te olvide lo que tienes que decir.

6. Usa tu cuerpo

Investigaciones científicas demuestran que cambios en la manera de pensar modifican nuestra fisiología y viceversa. Si pensamos en situaciones de grandes logros, podemos rebajar nuestro nivel de ansiedad física. De igual forma, si nuestro cuerpo se pone en una tesitura de poder, envía señales a la mente para que se sienta poderosa.

De eso habla Amy Cuddy de la Universidad de Harvard en su charla de TED sobre el lenguaje del cuerpo y en este informe de investigación. Las “poses de poder” como ella les llama, normalmente usadas cuando nos sentimos poderosos y confiados, ayudan a evocar esas mismas sensaciones cuando nos sentimos débiles y con un bajo nivel de autoconfianza. Una postura erguida, con el pecho hacia fuera y las manos agarradas a ambos lados de la cintura hacen que, poco a poco, comencemos a sentirnos confiados. De la misma manera, obligarnos a sonreír termina relajándonos y haciendo que nos sintamos mejor con nosotros mismos.

7. Cambia el foco

Cuando nos sentimos nerviosos, nuestro foco de atención suele estar sobre nosotros mismos ya que pensamos en que queremos hacerlo bien y en lo que pasaría si sale mal. Esto hace que, inevitablemente, nos demos cuenta de cada fallo que cometamos y la bola se haga cada vez mayor.

En cambio, si nuestra atención cambia de nosotros mismos (“cuán bien voy a hacerlo”) al público (“cuánto valor obtendrán de la ponencia”), el chip cambia completamente. Partiendo de que nos hemos preparado bien, la mente deja de preocuparse por uno mismo y comienza a ocuparse de los demás.

8. Habla despacio

¿No te da la impresión de que cuando alguien habla a 3.000 revoluciones por minuto parece estar nervioso? Por la misma regla de tres, hablar de forma pausada da la impresión a los demás de que estamos calmados.

Por ello, evita hablar deprisa y hazlo despacio. Sí, de vez en cuando aprieta un poco el acelerador para cambiar de ritmo, pero vuelve luego a un ritmo más calmado. Contagiarás a los demás con tu propia calma.

Además, si tienes la tendencia a usar muletillas (palabras o sonidos que no aportan nada al mensaje), en lugar de usarlas, haz una pausa. Esto no sólo te ayudará a mostrar mayor control sobre ti, sino que dará al público la posibilidad de reflexionar sobre lo que dices.

9. Muévete despacio y poco

Cuando nos sentimos amenazados, nuestro cerebro emite señales inconscientes a las piernas para que salgan corriendo y nos salven del peligro. Cuando hablamos en público, notamos como si nuestros pies tuvieran vida propia, llevándonos de un lado a otro o moviéndose de forma errante. Lo que están haciendo es buscando escapatoria, mostrando inseguridad y distrayendo al público.

Igual que hablar despacio, moverse despacio transmite aplomo, calma y seguridad. Además, si nos mantenemos fijos en un mismo lugar, la atención se mantendrá donde de verdad importa: en nuestra cara.

10. Aprovecha el feedback

Cada oportunidad de hablar en público es una oportunidad de mejorar nuestras habilidades de comunicación y nuestra propia autoconfianza, siempre que recibamos feedback y lo usemos de manera adecuada.

Hacer caso a los puntos positivos refuerza el hecho de que vamos en buen camino y es una manera de celebrar nuestros logros. Hacer caso a las oportunidades de mejora nos ayuda a hacerlo mejor la próxima vez, lo que casi garantiza un futuro logro si ponemos esos cambios en práctica.

Todo es cuestión de percepción

Por feo que suene, lo que importa es la percepción que tienen los demás de nosotros. No es que vaya por la vida pensando en lo que la gente opina sobre mí. Pero reconozco que la opinión que se hace el público sobre uno determina el nivel de conexión real que puede generarse entre ambos y la confianza que puede depositar sobre el ponente.

Al fin y al cabo, es el público quien decide si compra o no nuestro mensaje. Si mostramos un nivel de autoconfianza muy bajo, no confiarán en nosotros y nuestro mensaje no logrará su cometido. En cambio, si mostramos un nivel de autoconfianza adecuado, sano, transmitiremos autoridad y credibilidad, nuestro mensaje se verá reforzado y nos acercaremos a alcanzar nuestro objetivo.

Habitualmente subestimamos nuestras propias capacidades y, por eso, salimos muy poco de nuestra zona de confort. Pero cuando lo hacemos, nos damos cuenta de que somos capaces de cosas increíbles.

Por eso, sal de tu zona de confort y habla en público siempre que puedas. Verás como con pocos intentos tu autoconfianza comenzará a jugar a tu favor y tus ideas moverán a las masas.

¿Y a ti qué te funciona? ¿Cómo logras proyectar autoconfianza cuando comunicas con los demás? ¿Qué haces para mejorar la seguridad en ti mismo/a?

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Comentarios

  1. Siempre he pensado que mi trabajo habla por sí mismo. Soy muy trabajadora y constante y hasta el día de hoy había tenido jefes que al ver los resultados y la productividad de mi trabajo habían quedado contentos. Ahora estoy en una nueva empresa donde no se mira quién hace cada cosa sino el resultado del grupo de trabajo y estoy viviendo la mala experiencia de que los que mejor se expresan, son más cercanos con el jefe, más seguros de sí mismos y, por decirlo así, le echan más morro… se anotan los “puntos”.
    Tus consejos y tus videos me están ayudando a cambiar esa parte de mi personalidad que me hace ser más callada y pasiva, hacia una personalidad más activa y dinámica.
    Gracias

    • Me ilusiona que me confieses esto, Elena. Ya verás que con ganas y esfuerzo, es posible reforzar la autoconfianza y desarrollar nuevas habilidades de comunicación. Gracias por tu comentario.

  2. Quiero aprender las técnica y los pasos que debo dar para hablar en publico como un profesional, para sorprender a los que me conocen cuando este dando un discurso por primera ves delante de ellos.

    La verdad que hasta para decir mi nombre ya estoy pensando que el otros vas a decir, todo me tiembla y me quedo callado por tiempo, quiero terminar con eso pronto.

    Este contenido es de gran valor, me resulto interesante los 10 trucos sencillos para potenciar la autoconfianza al hablar en público…!

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