Cómo conectar con el público con ayuda de los sentidos

¿Qué eres?

Eres lo que lees, eres lo que piensas, eres los programas de tele que ves… Eres una cosa o eres otra en función de lo que haces o dejas de hacer; o al menos eso nos vienen vendiendo desde que se inventaron el marketing, el vendedor y la tele tienda. Estos rimbombantes juicios, a pesar de que rallan el ya desgastado concepto de la autoayuda, son objetivamente mucho más ciertos que una idea aún más antigua que nos han intentado meter con calzador desde su nacimiento: todos somos iguales. Y como somos iguales, todas las recetas, los estándares y los procedimientos encajan a la perfección en cada caso y a cada persona. Nada más lejos de la realidad.

Una de las ideas que promulga la Programación Neurolingüística (PNL) es que, cada uno de nosotros, percibimos la vida de manera más intensa a través de uno de nuestros sentidos, el preferido, y en consecuencia, reaccionamos favoreciendo a dicho sentido.

  • Algunos somos eminentemente visuales. Reaccionamos más fácilmente ante las imágenes, los colores, la luz.
  • Algunos somos eminentemente auditivos. Nos afecta más lo que escuchamos, los sonidos, las voces, la música.
  • Otros somos principalmente kinestésicos. Somos más sensibles a las sensaciones físicas y emocionales, a las corazonadas, a la intuición, al tacto.
  • En menor escala, pasa lo mismo con el gusto y el olfato.

Estas diferencias fundamentales, basadas en el uso de los sentidos, hacen que la forma de conectar, de aprender, de entender, sea (muy probablemente) distinta entre tú y yo. En mi opinión, esto nos hace interesantísimos…

Este concepto es de gran importancia en la comunicación persuasiva, tanto en situaciones individuales como frente a públicos. Acoplar nuestra frecuencia a la frecuencia natural de nuestros interlocutores facilita el entendimiento y el que se nos abran puertas gracias al rapport¸ que ocurre cuando dos personas están en sintonía. Hablarle a la gente en “su propio idioma” nos acerca.

En un público suele haber todo tipo de personas en mayor o menor proporción. No podemos conectar con todos del mismo modo ni de manera simultánea. Por ello, cuando hablamos atendiendo únicamente a nuestras propias necesidades, es complicado (si no imposible) convencer a nadie. Algo parecido sucede cuando comunicamos en función de nuestro sistema sensorial preferido; conectamos con un grupo pero nos alejamos de los demás.

USO DE LOS SENTIDOS EN EL CONTENIDO DEL DISCURSO

La necesidad de actuar de este modo cobra especial relevancia cuando contamos historias. Y como idealmente deberíamos contar historias en todos nuestros discursos cada vez que queramos explicar un punto, es conveniente tener esto siempre presente. Sólo basta con intentar satisfacer cada uno de los sentidos. Ejemplo:

“Esa madrugada habíamos subido a la cima entre la oscuridad (visual) y el chirriar de los grillos (auditivo) y, tras el desayuno comenzábamos a bajar rumbo al Valle del Tetero, donde pasaríamos unos días de descanso y diversión. Hacía un día espectacular: el cielo estaba despejado (visual), el sol comenzaba a calentar (kinestéstico) y el olor a aire puro y a pino (olfativo) hacían que el trayecto fuera realmente agradable.” 

Este método suma en impacto porque permite que toda la audiencia pinte su propia imagen mental (visual) y sienta las emociones del protagonista de la historia (kinestésico), permitiendo que su propio diálogo interno (auditivo) le lleve a su interpretación individual de esa escena.

USO DE LOS SENTIDOS EN LA PUESTA EN ESCENA DEL DISCURSO

Otra forma de ayudarse de los sistemas sensoriales para acercarse al público es en la puesta en escena.

  • Visual: Las diapositivas (en las que priman las imágenes sobre el texto) y los objetivos que usamos para enfatizar el mensaje, facilitan el aprendizaje a aquéllos con inclinación visual.
  • Auditivo: Modular el uso de nuestra voz en cuanto a velocidad, volumen, ritmo y cadencia se refiere, enriquece la puesta en escena otorgándole mayor energía, facilitando la interpretación del mensaje y evitando el aburrimiento.
  • Kinestéstico: El uso de objetos no tiene por qué limitarse a una muestra visual. Se pueden repartir y pasar de mano en mano. También podemos invitar al público a moverse (levantar la mano, ponerse de pie y hacer algún movimiento) o a interactuar entre sí.
  • Olfativo y gustativo: Su aplicación es un poco más compleja que en los casos anteriores, pero bienvenida sea la creatividad.

Al fin y al cabo, de lo que se trata es que nuestro mensaje cale y que la ponencia cumpla su propósito, ya sea informar, persuadir o entretener. Pero como no todos somos iguales o más bien todos somos distintos, mejor irse por lo seguro y dar protagonismo a cada sentido. Por un mayor impacto, por un mejor aprendizaje y para que cada quien sienta como si le estuviésemos hablando individualmente.

Imagen por Matthew Bradley

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