Menús Degustación y Presentaciones de Alto Nivel

Comer es una necesidad fisiológica incontestable. Comunicar es una necesidad vital y no hay quien me convenza de lo contrario. Comer bien y comunicar aún mejor son lujos a los que no todo el mundo tiene alcance. Aunque es bonito soñar con utopías de ese estilo en las que no muere nadie de hambre y donde la comunicación es tan fluida y efectiva que da miedo…

Pero la realidad es otra y pocos tienen alcance a manjares de primera categoría. Yo mismo reconozco ser un tipo con muchísima suerte, aunque nunca haya comido de Estrella Michelin. Sí te digo que hay lugares con cartas deliciosas a precios mucho más asequibles en los que un menú degustación te puede acerar al Nirvana.

¿Es posible alcanzar el Nirvana escuchando a alguien hablar en público?

Una buena presentación es como un rico menú degustación.

  • En la planificación no se ha dejado pasar nada por alto.
  • La preparación es escrupulosa y cuida cada detalle.
  • La puesta en escena es impecable (dentro de su propio estilo) con un ritmo sutil aunque bien marcado.
  • Y hay tal consonancia entre ponente y público, que parece como si uno le leyera la mente al otro.

De un buen menú degustación se puede aprender mucho sobre cómo estructurar presentaciones de alto nivel, porque todo se calcula, todo se prevé y todo se ensaya para no dejar nada al azar.

Menús degustación y presentaciones de alto nivel

Toda presentación tiene como partes fundamentales las tres siguientes: inicio, cuerpo y cierre.

La naturaleza de la ponencia, que vendrá dada por el perfil del público y nuestro propósito, determinará cómo estructurar nuestros argumentos, las evidencias y el resto del arsenal. Si la ocasión lo amerita, podremos jugar con una serie de elementos más bien opcionales que servirán para dar una riqueza adicional a la ponencia.

Éstas son las partes de una estructura de menú degustación:

INTRODUCCIÓN

Es el inicio del evento o ponencia. Aquí debemos buscar captar la atención del público, dejar claro nuestro mensaje, contestar a la inevitable pregunta “¿por qué ha de interesarme?” y dar una idea de por dónde irán los tiros de la presentación.

Aperitivo

Al llegar al restaurante y ser recibidos con la mejor sonrisa, nos acompañan a nuestra mesa y nos sirven un aperitivo. Este aperitivo, no sólo ayuda a captar la atención completa de los comensales, sino que sirve como antesala de lo que comenzará a suceder en breve.

En tus presentaciones, sírveles justo al principio un aperitivo que defina en pocas palabras aquello de lo que vayas a hablar y los deje con muchas ganas de más. Ojo: Siempre buscando la relevancia y sabiendo que podrás mantener una línea similar de contenido. No sirvas caviar a la llegada, si el menú degustación será de pizza.

Carta

Mientras disfrutamos del aperitivo, se acerca nuestro camarero y nos entrega la carta. Nos explica, punto por punto, en qué consiste cada plato, el origen de sus ingredientes, su elaboración y por qué la combinación con el resto. En este punto, tenemos una idea clara de cómo transcurrirá la noche y comienza a hacérsenos la boca agua.

En tus ponencias, sobre todo en las de trabajo, conviene ofrecer al público una guía o un plan, de modo que conozcan de antemano el orden a seguir y tengan una referencia en cada momento de la presentación. Esto les dará tranquilidad y sensación de control.

CUERPO

Es lo que el público ha venido a experimentar. Es donde desarrollamos nuestro contenido, desplegando todas las armas: argumentaciones y conceptos teóricos, junto con evidencias, datos, historias, ejemplos y todo aquello que permita transmitir el mensaje de forma efectiva y alcanzando los resultados deseados. 

Despliegue

El despliegue del menú es la razón de ser de nuestra visita. Es el momento en el cual saboreamos cada uno de los platos que nos han planteado mientras tomábamos el aperitivo. Esta experiencia será positiva en la medida de que, no sólo estén perfectamente preparados estos platos, sino que sean maridados con el vino adecuado y servidos a un buen ritmo (el equilibrio entre un plan preestablecido y lo que vayan pidiendo los comensales).

Frente a un público, debemos desplegar nuestro contenido de una forma lógica, que tenga sentido y que despierte en ellos cuestionamientos y reflexiones. Tener una estructura milimetrada es fundamental, pero el ritmo vendrá determinado por la mezcla entre la naturaleza de la charla, nuestra propia personalidad (como ponentes) y la reacción del público.

CIERRE

Es la culminación del evento o presentación. Aquí conviene recapitular los puntos principales, repetir nuestro mensaje, invitar al público a actuar de algún modo y concluir con armonía y de forma memorable para quedarnos en el recuerdo ajeno. 

Recuerdo

Difuso entre el cuerpo y el cierre, es el momento en el que fantaseamos con todo lo que hemos estado comiendo. Es el momento en el que repasamos cada uno de los platos y lo rico que han estado, poniendo en marcha nuevamente nuestras glándulas salivares.

Es normal que, cuando hacemos presentaciones, el público no recuerde mucho de lo que hemos dicho. Por ello, hay que echarle un cable para recordarlo. Para esto, conviene recapitular los puntos clave que hayamos tratado durante la charla a modo de resumen. Es como la agenda de contenidos, pero a posteriori.

Digestivo

Es lo último que ocurre antes de que nos traigan la cuenta y nos despidamos. Es el cierre formal, lo que sella esa gran cena con fuerza y nos invita a salir, aunque muy a nuestro pesar. 

Tras el resumen, llega la conclusión, y ésta debe ser cuidadosamente diseñada. De ésta depende la percepción última que se lleve el público a casa, casi independientemente del trabajo que hayamos hecho durante el cuerpo. Y como lo último es lo que más fácilmente se recuerda, hay que saber qué servir y cómo servirlo. De forma breve, debemos dejar claro (nuevamente) de qué iba nuestra ponencia y motivarles a actuar, pintando con imágenes mentales los beneficios futuros de tomar acción.

Nueva reserva

Lamentablemente todo acaba. Pero lo que acaba bien apetece repetirlo. Por ello, y sabiendo que es complicado reservar en determinados restaurantes para entradas de último minuto, ¿por qué no aprovechar que estamos allí, todavía en éxtasis, para hacernos otro hueco más adelante y repetir tal festival gastronómico? 

Las presentaciones que mejor terminan son las que vuelven al inicio. Es decir, una vez repetido el mensaje y llamado a la acción, en las últimas líneas (normalmente motivadoras), el ponente entrelaza lo que está diciendo con la historia o comentario inicial. Por alguna razón, hacer esta conexión da una sensación de cerrar “como Dios manda”. Nos deja a todos a gusto y avisa que todo ha terminado felizmente.

Hablar bien en público es tanto una ciencia como un arte. Hay pautas exactas que seguir para hacerlo muy bien, y éstas lo convierten en ciencia. Pero el toque personal y la creatividad lo convierten en arte. Haz de tu próxima presentación una obra de ciencia y de arte cuidando siempre de cada detalle, como en un buen menú degustación.

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Imagen de John Tornow

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