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“Sí quiero”: Cómo oficiar una boda no religiosa

¿Es un cura? ¡No!

¿Es un rabino? ¡No!

¿Es un pastor? ¡No!

Ni siquiera es un concejal del ayuntamiento…

¿Y qué es entonces? ¡Es un oficiante de bodas no religiosas!

La primera vez que oí hablar del concepto, lo único que me vino a la cabeza fue Elvis y Marilyn Monroe en Las Vegas. La realidad es que, el oficiante de bodas no religiosas no es un personaje de ficción. Es una figura que existe en la realidad, que no requiere de disfraz y, de hecho, es más común de lo que en el mundo latino creemos.

En Mallorca, donde vivo, es muy habitual ver como parejas de novios de toda Europa vienen a celebrar sus bodas acompañados de sus familiares y amigos más íntimos. Por lo regular, esas personas ya han oficializado sus respectivos matrimonios en casa firmando los documentos de lugar, y a Mallorca, vienen a hacer el “paripé”. Es decir, vienen a celebrar unas bodas mentirijilla en términos legales, pero tan válidas en lo que a emoción se refiere como las bodas tradicionales.

El lunes pasado fui oficiante de una de estas bodas y, tras el feedback positivo recibido por novios, invitados y organizadores, quiero compartir contigo mis impresiones sobre cómo hacerlo.

Cinco claves para oficiar una boda no religiosa

1. El contenido es fundamental

En una boda, la responsabilidad de quien casa a los novios es explicarles en qué consiste el matrimonio y que acuerden mutuamente que eso es lo que quieren. Para ello hace falta un contenido bien pensado que contenga un mensaje esperanzador, aunque con un toque de realismo que les muestre las bondades y responsabilidades de casarse.

2. Personaliza el mensaje

Es una ocasión especial y, por ello, el oficiante debe hacérsela tan especial como pueda. Por muy bonito que sea el mensaje, no vale un guión estándar. Para que se sientan el centro de atención, ese mensaje debe contener guiños personalizados que cuenten, por ejemplo, cómo surgió y ha evolucionado la relación, y/o por qué hacen un buen equipo. Acompañarlo con anécdotas jocosas siempre viene bien.

3. Hazlo ligero y corto

No se trata de un sermón; no es una misa. La gente quiere pasárselo bien. Lo que quieren es celebrar. Para ello, el contenido debe ser ligero, sencillo, fácil de digerir. Además, no hay que enrollarse. Con que hablemos durante 20 minutos y completemos con un par de lecturas de familiares o amigos, y alguna pieza musical entre medias, es más que suficiente.

4. Ten claros los niveles de protagonismo

  1. Novios
  2. Padres y familiares directos
  3. Testigos
  4. Resto de invitados
  5. Tú, yo o quien sea el oficiante

Saber esto nos permitirá, no sólo redactar el guión teniendo presente a quien toca, sino también, en el momento de la ceremonia, prestar atención en el orden adecuado. Es básico no perder de vista que el centro de atención son los novios y que el oficiante debe ser como un mayordomo: imprescindible pero casi invisible; trabaja desde “la sombra”.

5. No leas, pero ten el guión a mano

Leer es impersonal, nos desconecta del público. Como en toda presentación, lo ideal es dar la impresión de que nos sale del alma y que conversamos con el público. Para ello hay que practicar, practicar y practicar, verbalizando todo el guión tantas veces como sea necesario para que salga fluido. Pero como no nos lo aprenderemos de memoria, y como en este tipo de discurso cada palabra cuenta, tener el guión en un atril o mesa cercana es vital para poder recuperarnos si perdemos el ritmo.

Como en todas las presentaciones, la planificación, la preparación y la práctica son la clave del éxito. Pero dentro de este trío, hay trucos y consejos específicos que vienen muy bien para sacar el trabajo adelante.

Estas cinco claves no son exhaustivas, ni mucho menos. Hay otras tantas más que iré mostrando en entradas futuras. Pero, tal y como me han funcionado a mí, son los primeros pasos para que oficies una boda inolvidable para los novios y sus invitados.

¿Te vas a casar y quieres una ceremonia divertida? En este enlace encontrarás lo que buscas.

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Comentarios

  1. quiero casarme en forma simbolica en mallorca el 30 de julio como hago, solo mi pareja y yo romantico y sencillo. alli nacio mi abuelo , es significativo para mi

  2. Hola, Sebastián.
    Lo curioso en estos casos es que, si el profesional lo hace correctamente, nadie, salvo los novios y los testigos de la ceremonia civil celebrada previamente, sabe, ni llegan a darse cuenta de que se trata de un paripé, aunque no me hace gracia esa palabra que utilizas.
    Tampoco me gusta lo de boda de “mentirijillas”; de hecho, he visto llorar a mucha gente en una boda de este tipo, ¡incluso a los propios novios! Si para ellos esa es la boda “de verdad”, ¿qué importa que no tenga validez legal?
    Enhorabuena por tu blog, que acabo de conocer.

    • Gracias por tu comentario. Evidentemente lo de “mentirijilla” y “paripé” busca explicar a quienes no conocen el sistema el hecho de que legalmente no es vinculante.

      Y sí, la gente lo disfruta muchísimo y, en ocasiones, llora.

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