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Cómo presentar conceptos abstractos sin perder al público en el proceso

Amor, emoción, intriga, felicidad, armonía, melancolía, celos, inseguridad… Cualquier persona de cierta edad puede decir que ha experimentado alguna de estas sensaciones. Son parte de ser humano, son parte de vivir. Por ello las entendemos y nos es fácil identificarnos cuando alguien habla de alguna de ellas.

Pero, ¿cómo las describirías a alguien que nunca las hubiera experimentado? ¿Y qué pasa con otros tantos conceptos que no son tan evidentes como “la nada”, “el vacío” o “el alma”? Estas preguntas pueden ponernos entre la espada y la pared.

Lo concreto vs. lo abstracto

¿Qué tienen en común cada una de las palabras enumeradas más arriba? Son conceptos abstractos.

Lo abstracto es etéreo, inmaterial y, por tanto, difícil de visualizar y comprender a la primera de cambio. Es exactamente lo opuesto a lo concreto que sí es físico, palpable y demostrable con el simple hecho de enseñarlo. Contrario a los conceptos abstractos, lo concreto lo conoces porque lo has visto. Y si no lo conoces, basta con sacar una muestra y ésta se queda grabada para siempre en tu memoria.

Desde un punto de vista práctico, lo normal es que, para salir adelante en el mundo empresarial o con tu propio negocio, no tengas que explicar a nadie desde cero ninguna de las ideas comentadas en la primera línea (salvo que seas psicólogo, guía espiritual o similar). Pero, en un mundo movido por la tecnología y la propiedad intelectual, hoy más que nunca es necesario poder transmitir ideas y conceptos a priori difíciles de entender, porque están por todas partes. Desde software a responsabilidad social corporativa. Desde retorno de la inversión, hasta compromiso con una causa.

Hoy más que nunca es fundamental ser capaces de definir, describir y explicar de manera sencilla una larga serie de conceptos abstractos para poder asegurar inversión para tu start-up, para motivar al personal de tu equipo, para convencer a los demás de adoptar tus ideas, casi con independencia del ámbito en el que te desenvuelvas. Pero, ¿cómo hacerlo?

¿Cómo presentar conceptos abstractos y lograr que nos entiendan?

Lo primero es tener clara la diferencia entre concreto y abstracto. Si puedes tocarlo, es concreto. Si no, es abstracto.

Luego, entender que lo que a ti te parece sencillo, lo es casi con total seguridad porque llevas horas de práctica y páginas a la izquierda que lo han hecho parte de tu ser y de tu identidad. Pero esto no es así para los demás y lamentablemente, nos cuesta tomar conciencia sobre este asunto.

Partiendo de esta base, lo más importante a la hora de presentar conceptos abstractos es buscar la manera de que el mensaje sea claro y sencillo, encontrando asociaciones con aquellas cosas concretas que son familiares a las personas ante las que presentas.

¿Cómo simplificar un concepto abstracto para poder presentarlo de manera efectiva?

Yo sugiero, al menos, cuatro recursos.

1. METÁFORA

Es una comparación que facilita la comprensión de un concepto. Es una figura retórica que busca lograr una asociación entre aquello que nuestro interlocutor conoce con el nuevo concepto desconocido. Al entender la relación, entiende el nuevo concepto.

“La nada es como un huevo sin cáscara, sin yema y sin clara.”

2. EJEMPLO

Ofrece un caso real y de la vida cotidiana relacionado con el concepto tratado. Por lo regular, un ejemplo hace que el oyente genere sus propias imágenes mentales de lo ocurrido, facilitando el entendimiento por sus propios medios.

“Retorno de la inversión: El mes pasado pagamos 4.000€ por publicar un banner en la web del periódico local y esto nos ha reportado un volumen de ventas de 100.000€. Tras invertir X hemos obtenido un retorno Y.”

3. AYUDA VISUAL

Es utilizada típicamente para facilitar el entendimiento de temas complejos. Acerca lo abstracto a lo concreto. Es efectiva porque permite a quien escucha acceder a más de un sentido (auditivo + visual), lo que proporciona una experiencia más amplia.

Una foto proyectada, un dibujo bosquejado a mano y al momento, o un objeto mostrado durante la presentación.

4. HISTORIA

Es como la versión larga del ejemplo, provista de numerosos detalles que la hacen mucho más efectiva que cualquier explicación teórica. Haciendo uso de los otros recursos mencionados arriba y sumándole el toque emocional y el proceso para la resolución de un conflicto, metemos al oyente dentro de ésta, y éste es capaz de montarse su propia película y así encontrar por sí mismo el sentido a la idea que intentamos trasladar.

(Completa con tu propia historia).

Estamos rodeados de cosas concretas. Basta con ver y tocar para comprobarlo. Pero también estamos rodeados de ideas abstractas aunque no las veamos, aunque no las comprendamos. Y su entendimiento puede enriquecer nuestra visión de las cosas,  de la vida y de los negocios.

Sea para uso profesional o personal, usa estos cuatro recursos y podrás presentar conceptos abstractos de manera eficaz y así lograr que los demás tomen acción sobre tus ideas.

¿Y tú, qué técnicas o recursos utilizas para explicar conceptos abstractos? ¿Qué te ha funcionado? Compártelo en el área de mensajes.

Crédito de imagen.

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