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Cómo recibir feedback sin ofenderse y salir ganando

Lo reconozco. No me gusta que me corrijan. No me gusta que me den órdenes. Y, en general, no me gusta que tengan que decirme las cosas. Pero, aunque no lo quiera, a veces es necesario. Sobre todo si quiero superarme y ser mejor persona… Y ése suele ser el caso.

Por alguna razón que desconozco, en los países latinos, las cosas no se dicen a la cara. Porque hacerlo supone un ataque personal directo y eso va en contra del protocolo establecido. No estar acostumbrados a escuchar las cosas como son nos hace susceptibles a la verdad sin pelos en la lengua, nos acorta la mecha, nos ofende con mucha facilidad. Por eso, recibir feedback suele costar un mundo y parte del siguiente.

Pero hay que admitirlo. Sin feedback no mejoramos. Si pretendemos vivir sólo con nuestra percepción individual de lo que nos ocurre, el progreso se ralentiza y traza unos límites de los cuales no hay manera de salir.

Cómo recibir feedback y sacarle provecho 

Ya lo sé. Soy muy pesado con Toastmasters. Pero no puedo evitarlo. Cada semana descubro nuevos matices de las cosas que he estado aprendiendo en los últimos cuatro años que llevo como miembro.

Hace poco surgió la necesidad de hablarles a niños de entre 11 y 17 años sobre feedback dentro del Programa de Liderazgo Juvenil en el que estoy colaborando. Y pensé, saber dar retroalimentación es muy útil, pero es más habitual recibirla. ¿Qué debemos tener en cuenta para recibir bien el feedback dado por otras personas y sacarle el mejor partido posible?

1. Es subjetivo y relativo

Salvo en el caso de los superiores, padres y profesores, donde su “subjetividad” (casi) siempre va a misa y debe ser interpretada como “objetividad”, el feedback que recibimos de otros es una opinión. Más o menos fundada, pero una opinión. No es una realidad absoluta. Es normal que nos sintamos mal cuando intentan corregirnos. Y en ocasiones tienen razón. Pero en otras no, y es por ello que hay que tener claro que no todo lo que nos dicen va a misa, y aprender a cogerlo con pinzas, evaluando cada caso con lupa.

2. No siempre es útil

Parecido a lo comentado arriba donde no todo lo que nos dicen es correcto, también puede suceder que lo que nos cuenten no sea aplicable a la ocasión. Por no añadir valor o por ser algo tan evidente que no hace falta ni mencionarlo. “Eres muy lento”. Subjetivo o no, ya sé que soy lento, y el que me lo digas no lo cambia y en este caso, ni siquiera es relevante. Pero comentarios de este estilo son muy comunes, tanto en lo social como en lo profesional, y no queda otra cosa que armarnos de paciencia y de oídos sordos (salvo cuando se trate de una falta de respeto) y devolver una amable sonrisa.

3. No siempre es acertado

A veces la utilidad no depende sólo de la relevancia o las intenciones. Una opinión puede estar muy bien intencionada y ser de mucha relevancia. Pero sin conocimiento de causa y sin la experiencia adecuada, el feedback puede no ser acertado. Como cuando yo intenté enseñar a mi mujer a usar un “hierro 7” para pegarle a la bola de golf en el campo de tiro. Si yo le doy mal, ¿cómo puedo pretender enseñarle a hacerlo bien? Casos de éstos salen hasta de debajo de las piedras y debemos aprender a reconocerlos para evitar caer en la trampa y creer mejorar con algo que sólo nos llevará por el mal camino.

4. Sólo se aprovecha si se recibe de brazos abierto

Para aprovechar el feedback hay que reconocer que es necesario y útil para la mejora continua en cualquier área. Creernos la última Coca Cola del desierto es lo peor que podemos hacer, porque una actitud arrogante nos cierra en banda a cualquier input que venga de fuera. Por ello, estar abiertos a éste es fundamental para que cause efectos positivos. Reconocer que es útil y recibirlo con una actitud positiva es gran parte del recorrido hacia la excelencia.

5. Justificarse es lo peor

Me encanta la frase de Florian Mück: “No feedback on feedback”, que básicamente se traduce en “no dar feedback sobre el feedback recibido”. Cuando recibimos algún comentario de otra persona sobra algo que no hemos hecho bien, la reacción natural es contestar con una justificación de por qué lo hicimos así. Como si esta razón nos eximiera de lo que hemos hecho. “Es que no he dormido bien”. “No tuve tiempo”. “Se lo comió el perro”. Al intentar justificarnos, nos cerramos inconscientemente a la opinión ajena y la desaprovechamos. Nos auto convencemos de que lo que hemos hecho no es culpa nuestra, sino de la excusa que hemos plantado. Evitar las justificaciones y escuchar es clave.

¿De qué sirve el feedback a la hora de hablar en público de forma efectiva? 

Sin éste, no habría buenos oradores y punto. Es una de las piezas imprescindibles en el círculo virtuoso de la práctica deliberada en la que hablamos, entendemos dónde mejorar, corregimos el rumbo y comenzamos de nuevo.

En definitiva, sin feedback no hay progreso. Ya sea en la empresa, en la comunidad o frente a un público. Y la única manera efectiva de recibirlo y aprovecharlo es escuchar con oído crítico pero con una actitud abierta, aceptando la situación como una potencial oportunidad de mejora.

Interesémonos por las opiniones de los demás a la hora de opinar sobre lo que hacemos. Si el proceso cumple con las cinco claves mencionadas arriba, es muy probable que salgamos ganando.

¿Qué otras claves piensas que son importantes para que saquemos el mayor provecho posible del feedback recibido? ¿Qué te funciona a ti?

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Imagen de Steven Shorrock

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Comentarios

    • Desde luego puede ser muy acertado el feedback que nos da un enemigo, pero como es poco probable que lo haga con tacto y respecto, fundamentales para que sea bien recibido, dudo de su efectividad.

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