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¿Comunicar o no comunicar?

Comunicar

Revistas de fitnessbest-sellers que prometen la dieta ideal, personal shoppers, pasarelas de moda, gimnasios abarrotados, operación bikini… Existen mil y una terminologías relativas al cuidado de la imagen que hacen referencia a técnicas, lugares y accesorios para hacernos más “bellos”. Y me pregunto, ¿por qué nos obsesionamos tanto con la belleza y con la imagen, y nos preocupamos tan poco por algo tan básico como la comunicación eficaz, que es imprescindible para entendernos con los demás?

Una de las presuposiciones operativas de la Programación Neurolingüística establece que “no es posible no comunicar”. En otras palabras, siempre estamos comunicando ya sea con palabras, con gestos o con intenciones. Si hablo, comunico. Si no hablo, comunico (al menos) que no quiero hablar y otros mensajes dependientes del contexto. Entonces, si comunicamos en todo momento, ¿por qué no poner más empeño en mejorar nuestras capacidades de comunicación?

Un método infalible para convertirnos en mejores comunicadores es aprender a hablar en público. La formación en oratoria nos facilita el fondo y la forma necesarios para transmitir nuestras ideas eficazmente, tanto ante un grupo como ante un individuo. Pero más allá de esto, nos proporciona una herramienta clave para la vida diaria: la autoconfianza.

Aprender a hablar en público es un antídoto probado para la inseguridad, la timidez y la falta de autoestima. En algún momento de nuestra niñez comenzamos a tener miedo a hacer el ridículo y éste, como los demás miedos, supone limitaciones importantísimas. Cuando por fin nos vemos con la capacidad de dirigirnos a una audiencia de manera coherente, organizada y acertada, descubrimos que, aquello a lo que temíamos, no era más que una ilusión. Esta “nueva” seguridad en nosotros mismos nos hace mejores y más capaces individuos, beneficiándonos a nivel profesional, social y personal: presentaciones impactantes, mensajes convincentes, sesiones de networking productivas, crecimiento del círculo social, seducción y otros muchos beneficios más.

Pero esto se logra sólo con las ganas y la práctica. Un primer paso, un primer logro, un poco de autoconfianza. Otro paso, otro logro, un poco más de autoconfianza. Y así comienza un círculo virtuoso en el que el coraje de dar el primer paso nos lleva a hacer toda una maratón en la que ya no nos bloqueamos cuando debemos presentarnos ante un grupo de desconocidos, sino que además podemos presentarles nuestro producto (sea cual sea) y vendérselo.

No somos monjes de claustro; tenemos que compartir con los demás y, por tanto, intercambiar ideas con fines muy concretos siempre. Entonces, ¿por qué no buscar sacar el mejor partido a estas situaciones?

En mi opinión, el mejor sitio para soltarse ante el público: Toastmasters (encuentra tu club más cercano en www.toastmasters.org), aunque hay muchos otros medios para practicar comenzando por las reuniones de trabajo, las ferias y congresos, las juntas de vecinos, las celebraciones entre amigos, y un sinnúmero de situaciones en las que podemos dar rienda suelta a esa elocuencia escondida que hay en cada uno de nosotros. Basta con abrir la boca y comenzar a hablar.

Así pues, ¿comunicas o comunicas?

Imagen de Adam Marelli

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