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¿Conectamos o no conectamos? – Estrategias indispensables para ganarse al público

Escenarios políticos. Películas de presupuestos mal distribuidos. Compromisos sociales no deseados. Todos tienen (al menos) una cosa en común: Falta de conexión entre el hablante y sus interlocutores. Ya sea porque no nos tragamos el mensaje, porque nos cuesta sentir la pena o la alegría ajena, o simplemente porque nos duele mantener la sonrisa diplomática; en éstas y tantas otras situaciones existe una barrera tan poderosa como invisible que divide a las personas e imposibilita la sensación de complicidad que produce el rapport.

Lo mismo puede suceder cuando hablamos en público. Y lo digo con la mano en el corazón porque esto es algo que he sufrido en carne propia y que, tras sudor, evaluaciones difíciles de escuchar y mucha frustración, finalmente he logrado entender.

El sábado pasado, asistí a la Conferencia del Distrito 59 de Toastmasters International en Poznan, Polonia donde se celebró el Concurso Internacional de Oratoria a nivel europeo. Allí pude presenciar talleres fenomenales, discursos inspiradores y evaluaciones magistrales en un ambiente festivo y pedagógico a la vez. Lo mejor de Europa bajo un mismo techo. Entre tanta información hubo una cosa que me marcó particularmente: todos los grandes discursos seguían un patrón similar que permitía una gran conexión con el público.

[Ojo: Partimos de la base de que todos estos discursos contaban con una estructura clara, gozaban de un contenido coherente y estudiado, así como de un propósito claro y relevante para el público.]

Finalistas del Concurso Internacional de Oratoria

Para lograr dicha conexión, son necesarios tres puntos:

  1. Transparencia: Queremos escuchar a la persona, a la verdadera persona que presenta. Sin tapaduras. Sin secretos. Sin complejos. Si nos escondemos tras una fachada, la intuición del público hará que salten las alarmas y, de forma inconsciente, se perderá la cercanía (si alguna vez la hubo).
  2. Ejemplo: Los ejemplos aterrizan los conceptos, los hacen más fáciles de digerir y permiten al público identificarse con el ponente. Pero el público quiere escuchar nuestros ejemplos, nuestras historias, no las historias de otra persona; quiere aprender de nuestros errores y desaciertos, no de los de un tercero ausente. La credibilidad nace de la experiencia y nuestros propios ejemplos de superación nos hacen los expertos de los que la gente puede y quiere aprender.
  3. Naturalidad: Si bien la cultura define los matices, mi experiencia me dice que lo realmente teatral hay que dejarlo a los actores. Al público que busca aprender de nosotros hay que darle emoción, pero dosificada y a su medida. Queremos sonar de manera conversacional, cercana, auténtica. Queremos hacerles sentir que les hablamos individualmente y no que les damos un sermón a lo Jimmy Swaggart.

Apreciamos cuando la gente nos dedica parte de su tiempo y se preocupa por darnos lo mejor de sí en pro del entendimiento entre ambos y una comunicación eficaz. Ahora bien, si queremos esto de los políticos, de los actores y de nuestras relaciones sociales y profesionales, ¿por qué no quererlo, buscarlo y trabajarlo en nuestras propias presentaciones? ¿Por qué no acercarnos al público y llenar ese vacío que nos divide?

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Comentarios

  1. Muchas gracias Sebas por compartir tus conocimientos. Tendré presene la Trasparencia, los ejemplos y la naturalidad en las próximas presentaciones.
    Un abrazo

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