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Por qué es casi un pecado dar las gracias en las presentaciones

Dar las gracias en las presentaciones

Dar las gracias puede ser un acto sumamente poderoso. Esto lo corrobora Derek Halpern de Social Triggers quien, en esta entrada dice que dando las gracias de forma genuina y sentida ganamos todos. Porque a las personas nos gusta sentirnos importantes. Y cuando se nos reconoce y se nos agradece el haber hecho algo, nos sentimos bien.

En el mundo de las presentaciones hay dos escuelas en lo que refiera a dar o no las gracias. Hay quienes dicen que hay que agradecer al público por invertir su tiempo en escucharnos. Luego está la vertiente opuesta que indica que, si el ponente da las gracias, está perdiendo autoridad. Y que quienes deberían dar las gracias son los miembros del público por estar recibiendo valor por parte del ponente. Más sobre el asunto en el blog de Lisa Braithwaite.

¿Por qué dar las gracias?

Creo que dar o no las gracias dependerá de varios factores. Entre éstos se encuentran:

  • La naturaleza de la ponencia
  • El perfil del público
  • La dinámica que haya habido entre ponente y público
  • Y otras tantas más…

¿Debemos siempre dar las gracias o no?

Desde luego, defiendo que, agradecer de forma sentida y sin cursilerías es positivo. Pero ojo…

Soy de los que opina que mejor no cerrar nuestras presentaciones con un “gracias”. Del mismo modo que no debemos cerrar con preguntas o con comentarios irrelevantes. Decir “gracias” como última palabra, en cierto modo, destruye todo lo que construimos durante el cuerpo y la conclusión.

¿Por qué no dar las gracias en las presentaciones?

Corrijo. Dar las gracias es un acto precioso si sale del alma. Y dar las gracias durante una presentación pueda quedar de maravilla. Pero donde no hay que hacerlo nunca es al final.

Si nos esforzamos en preparar un mensaje memorable y un cierre impactante, dar las gracias al final del todo diluye ese impacto y, como normalmente recordamos lo último que se nos dice, dar las gracias es como tirarle arena por encima a la última frase (idealmente potente). Esa oportunidad de dejarlos boquiabiertos, reflexionando, con ganas de ponerse manos a la obra, se difumina en un agradecimiento muchas veces estéril y poco entusiasta.

Insisto, no pasa nada con dar las gracias. No es un pecado si realmente así lo sentimos. Pero no hiere a nadie decirlo antes del cierre definitivo y dejar la última frase para dejar nuestra huella.

Realmente marca la diferencia si nuestra última frase es un verdadero bombazo y luego de ésta… el silencio.

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Imagen de Alfonsina Blyde

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Comentarios

  1. Hola Sebastian. Hace un par de días supe de este Blog, el cual me parece uno de los mas interesantes que he leído en materia de comunicación. Artículos uno mas interesantes que otros y que sin duda tocas muchos temas que generalmente a quienes nos dedicamos a esta área a veces no tomamos en cuenta. Y con todo el sentir y con mucha responsabilidad te doy las Gracias!! por ello.

    Con respecto al articulo, comprendí la importancia que le das a la fase final del discurso y que de acuerdo al perfil la palabra “Gracias” pudiese o no ser buen cierre, sin embargo veo discursos y muchos (por no decir todos) cierran con las gracias, de hecho me fui mas allá y veo conciertos en vivo de grandes artistas y con la emoción de la gente mas la euforia, el artista dice “gracias” y los aplausos aumentan (Ver Vina del Mar de Ricky Martin o Luis Miguel), es decir que la palabra “Gracias” le damos el valor que merece sea cual sea el cierre el publico se sentirá importante por ello.

    Sigo leyendo tus artículos Sebastian, de seguro estaré comentando otros y te mando un fuerte abrazo

    • Hola Juan Pablo. Gracias por tu mensaje. No está mal dar las gracias al final, pero en un discurso no resulta memorable. Puedes dar las gracias en tu último párrafo y luego soltar una frase potente para dejar a la gente vibrando y pensando en ti.

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