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Descubrir el Matrix en la comunicación cotidiana

Descubrir el Matrix en la comunicación cotidiana

La vida es un escenario. Es un montaje en el que (a igualdad de condiciones), el que mejor comunica tiene ventaja. Mucha. Por fortuna, o por desgracia, poca gente es capaz de comunicar efectivamente. Esto hace que, quien aprenda a usar incluso las nociones más básicas como toca, pueda ver cosas que otros no ven.

Hace unas semanas, Carlos Bravo de Marketing de Guerrilla mencionaba que ser blogger se convierte en un estilo de vida. Y que cualquier estímulo de la vida cotidiana tiene el potencial de inspirar un nuevo artículo. Es como descubrir el Matrix y percibir cosas en las pequeñeces del día a día que, en circunstancias distintas, dejarías de captar.

Todavía recuerdo el día en el que me pasó lo mismo por primera vez; en la oficina, en una presentación aburridísima. Desde entonces, no paro de encontrar en situaciones aparentemente banales enseñanzas sobre cómo hablar bien (o no hablar mal) en público.

Me he dado cuenta de que no hay mejor escuela de comunicación que la comunicación cotidiana misma. Por ello, lo que mejor nos puede enseñar a comunicar en público es aprender a comunicar bien en privado.

VIENDO COSAS EN TODAS PARTES

Si lo pensamos con detenimiento, prácticamente cualquier interacción humana implica persuadir a los demás de algo. Pero para lograrlo, hay que seguir un montón de reglas de elegancia no escritas que he tenido que aprender a base de palos. He aquí cinco claves para comunicar mejor que he hecho mías en los últimos tiempos.

1. Mirar a los ojos es fundamental para establecer confianza

¿No te pasa que cuando hablas con alguien que no te mira a los ojos sientes que algo no anda bien? Como si le incomodase la situación, por inseguridad o por estar ocultando algo; o como si no le interesase tu presencia. Sin ese contacto visual, no se genera ningún vínculo y es imposible alcanzar la misma frecuencia que el otro.

Si un ponente no mira al público a los ojos, es altamente improbable que logre convencerlo. Si busca el contacto visual de manera individual, le hará sentirse importante y parte de su charla. Más sobre contacto visual.

2. La sonrisa es uno de los más grandes regalos que podemos dar

En mis días de post adolescencia, uno de mis pasatiempos favoritos era robar sonrisas a chicas anónimas en el metro de Madrid. Cuando mi sonrisa era correspondida, me sentía feliz porque había logrado un momento de química con una desconocida. Y es que la sonrisa es una de las herramientas más poderosas del ser humano. Alegra el día a cualquiera, incluso sin necesidad de mediar palabra.

En escena, una sonrisa vale oro. Cuando quien habla sonríe dice inconscientemente a quienes escuchan que está contento de hablarles. Y esa actitud es correspondida con mayor atención, con mayor entrega. Más sobre sonreír.

3. El nombre propio es la palabra más bonita en cualquier idioma

Odio cuando me llaman Esteban, Julián o cualquier otro nombre parecido al mío. Por la misma razón, me siento fatal cada vez que me equivoco al decir el nombre de otra persona. Me pasó el miércoles pasado con un nuevo miembro de Toastmasters y todavía me sabe mal. Es por eso que hace años comencé a esforzarme más por memorizar los nombres de los demás. Porque me acerca a ellos y porque disfruto halagando.

Cuando hablamos en público nos suele rodear cierta aura de autoridad y protagonismo. Eso nos hace especiales mientras dura el discurso. Si en el transcurso mencionamos a algún miembro de la audiencia por su nombre, haremos que esa persona sea también especial por un momento. Y eso se agradece mucho.

4. Para defender una idea hay que darle una vuelta (o dos) antes de abrir la boca

Una cosa que nunca se me ha dado bien es discutir; y menos en caliente. Cuando estoy nervioso, enfadado o estresado, me cuesta organizar las ideas y soltar argumentos de forma coherente. Por eso no recuerdo haber salido airoso de muchas discusiones. ¿Por qué? Porque como no he podido dedicar unos minutos a organizar lo que quiero decir y cómo quiero decirlo, en ocasiones termino diciendo cualquier tontería. Y por mucha floritura y grandilocuencia que venga de adorno, una chorrada es una chorrada.

Un argumento bien estructurado es una tercera parte del proceso de persuasión. Si las ideas no están cuidadosamente pensadas y organizadas, ningún discurso logrará grandes resultados. Más sobre estructura.

5. Los ataques verbales directos nos ganan enemigos en cualquier lugar

No he conocido a nadie a quien le guste que le llamen la atención, incluso de forma elegante. Ser víctima de un juicio, una acusación o un ataque verbal de cualquier tipo es casi tan feo como ser agredido físicamente. Lo mismo pasa cuando recibimos feedback de cualquier tipo en términos negativos. ¿Te suena?: “Eres un desastre. La has fastidiado de nuevo. Déjame a mí.”

¿Has probado criticar abiertamente a tu audiencia? Inténtalo y serás lapidado. Más allá de que no la criticarás mientras expones, si tienes que ofrecer algún tipo de feedback constructivo, lo recomendable es enfocarlo en función de lo que podría mejorarse, no sobre lo que se ha hecho mal. Más sobre feedback.

CONSEJOS PARA DESCUBRIR EL MATRIX, TU MATRIX

No propongo una línea de acción probada científicamente porque en esto soy “amateur. Pero sí te invito a intentar sacar mayor partido a tus interacciones. Si no para aprender a hablar en público, al menos para mejorar tu participación en dichas interacciones. Por ello, para tomarte la pastillita que toca y entrar en el matrix, sugiero:

OBSERVAR

Estar siempre atentos a lo que decimos, cómo lo decimos y las reacciones que provoca. Observar también a los demás. Tener los ojos bien abiertos es clave para ver lo aparentemente invisible y comenzar a encontrar patrones en el día a día.

Ejemplo: Cuando me dicen algo e interpreto algo distinto a lo que me quieren decir, en ocasiones, la otra persona replica “no me estás entendiendo”.

ANALIZAR

Ver por ver es divertido, pero poco productivo. Lo que hacemos con esa información es lo que vale. Y pensar detenidamente en por qué reaccionamos a determinados estímulos cuando hablamos con los demás es fundamental para lograr una comunicación interpersonal más rica.

Ejemplo: La frase “no me estás entendiendo” no sienta muy bien porque es, en cierta medida, una acusación y puede generar sentimientos antagónicos en quien la escucha. ¿Cómo puedo decir lo mismo sin el potencial de generar conflicto?

DECIDIR

Luego hay que juzgar si con la información digerida se puede hacer algo. No siempre es así. Hay mucha paja y la información trascendental a menudo es escasa. Pero cuando nos damos cuenta de que algo concreto que hacemos está logrando resultados insatisfactorios, elegir hacerlo de otra manera es lo más sensato.

Ejemplo: Una vez vistas las posibilidades, decido que lo mejor es decir “igual no me he explicado bien”, en lugar de “no me estás entendiendo”. Es una manera distinta de decir lo mismo, pero descargamos de responsabilidad al otro y evitamos que se sienta atacado.

ACTUAR

Pero lo que realmente nos hace mejorar es tomar acción. Habiendo decidido qué hacer y cómo, hacerlo es lo que nos hace mejores comunicadores.

Ejemplo: Recordar siempre decir “igual no me he explicado bien”, así como otros tantos detalles en el trato con los demás, me ha ayudado a conectar mucho más fácilmente con la gente.

Todo esto es aplicable tanto en conversaciones uno-a-uno como en presentaciones frente a un auditorio repleto de personas. Por ello, observa, que las enseñanzas abundan vestidas de cualquier cosa. Pero, una vez dentro del matrix recuerda:

Lo más importante es ser auténtico y que te importen auténticamente los demás. Lo demás sale rodado.

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