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Diálogo interrogativo – Herramienta para el éxito rotundo

La vida está llena de retos. Retos que, en ocasiones, suponen esfuerzos olímpicos para salir adelante. En situaciones así, contar con todas las herramientas posibles para poder triunfar es más que deseable. Pero muchas veces no nos acompaña la herramienta más poderosa: nuestra propia mente.

Cuando hablamos en público, uno de los factores decisivos a la hora de hacerlo bien es nuestro propio diálogo interior. Éste nos predispone a hacerlo bien o a hacerlo mal, en función de las frases que nos repetimos, desde el momento en el que nos enteramos de que debemos hacer una presentación, hasta el mismo día “D”.

La peor autosugestión posible

Por lo general, frases como “me va a salir fatal”, “no sirvo para esto”, “no les va a gustar” y otras tantas (sólo delimitadas por la propia creatividad) son suficientes como para acojonar hasta al gladiador más fornido y curtido del coliseo. Porque aumentan el nivel de estrés que luego el cuerpo intenta liberar como bien puede, haciéndonos malas jugadas.

La herramienta para el éxito no es la que creía

El fin de semana pasado me terminé el más reciente libro de Dan Pink, “To Sell Is Human” (“Vender es humano”). Es una fantástica lectura que demuestra que (casi) todos los humanos nos dedicamos a vender, de una manera u otra. En uno de los capítulos habla sobre una de las cualidades determinantes de los mejores vendedores: el diálogo interior.

Dice que, efectivamente, el diálogo interior negativo es, tal cual, negativo y, en consecuencia, dificulta el éxito. Pero curiosamente afirma que el diálogo interior positivo por el cual nos decimos lo buenos que somos y lo bien que lo haremos, si bien mejor que el negativo, tampoco es la panacea.

¿Qué nos queda entonces? El diálogo interior interrogativo. Pasar de la afirmación a la pregunta es donde está la clave del éxito ya que la pregunta provoca respuestas y, dentro de éstas aparecen estrategias para llevar a cabo la tarea en cuestión. Además, haciéndonos preguntas, podemos recordarnos lo bien preparados que estamos y darnos consejos tácticos específicos. En definitiva, la pregunta nos ofrece algo que dura mucho más que el chute de energía positiva que trae consigo decir “¡eres un crack!”.

Una herramienta para el éxito al controlar el miedo a hablar en público

¿Cómo se traduce esto a una situación real en la que nos enfrentamos a un público?

  • Diálogo negativo: “La voy a fastidiar. No sé por qué me han puesto a mí a hacer esto, pero francamente, no soy la persona adecuada.” Receta infalible para el fracaso.
  • Diálogo positivo: “Lo voy a bordar. Me los voy a comer con patatas. Esto está chupado.” No está mal. Ayuda a dejar de pensar en la ansiedad que nos produce la situación y ofrece un subidón anímico.
  • Diálogo interrogativo: “¿Me saldrá bien? ¿Lo sacaré adelante? ¿Alcanzaré mi objetivo?” El mero ejercicio nos lleva a buscar respuestas a estas preguntas que afirman que así será y que nos ayudan a entender cómo y por qué. El chute positivo es muy superior al que ofrece el diálogo positivo.

Por eso, la próxima vez que tengas un gran reto por delante, incluida tu próxima presentación, no te digas lo bien que lo harás y, en lugar, pregúntate si te va a salir bien. Si has hecho los deberes como toca, encontrarás las respuestas que buscas.

¿Te atreves?

Imagen de Marchnwe

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