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El público (1): Secretos de oratoria y de pistas de baile

Ibiza, meca contemporánea de las fiestas interminables, de la música electrónica y del desfile constante de cuerpos cuidadosamente perfeccionados. Un paraíso cosmopolita que rinde culto al ritmo desenfrenado en todo el sentido de la palabra. Entre junio y septiembre de cada año se citan allí los más grandes Disc Jockeys del mundo para dar a sus fieles seguidores tardes y noches inolvidables a cambio de la única divisa aceptada en todos los clubes de la tierra: el baile.

Tras muchas noches de fiesta y concretamente este último fin de semana en las pistas ibicencas, he entendido que el orador profesional y todo el que busque motivar e inspirar con la palabra a un público, tienen mucho que aprender de la música electrónica. Por una sencilla razón o más importante punto en común entre el orador y el DJ: el público. Sin éste, ninguno de los dos tendría trabajo. Con éste, el trabajo está asegurado aunque para hacerlo bien, ambas tareas requieren de técnica.

Todo el que haya presenciado una buena sesión de House, Techno y demás géneros aclamados desde Detroit hasta Ámsterdam, es consciente de que hay una comunicación de doble vía entre el DJ y su público y que, a mayor interacción entre ambos, más memorable la noche. Entre botes, gritos y manos levantadas moviéndose con cada “tun, tun, tun”, el público es capaz de hacer entender al “pincha” que está más que a gusto con la selección musical y su mezcla y que, pase lo que pase, no puede parar de poner “temazo” tras “temazo”. Pero cuando la gente no salta, no se toca y a penas sonríe, algo no anda bien.

Dar discursos es equiparable a mezclar música en un club. Sí, es importante contar con un lugar adecuado así como con un equipo de calidad, pero más allá de ello, si el orador dice a la gente lo que quiere escuchar, como lo quiere escuchar y cuando quiere escucharlo (en otras palabras, le da lo que quiere), igual que un DJ, logrará ser recordado tiempo después de su discurso dejando en ella una marca difícil de borrar. Por ello, todo orador que quiera inspirar a su audiencia deberá emular a los grandes DJ’s de tres maneras:

Preparar su material de acuerdo a la ocasión

Un buen DJ sabe preparar un listado de temas adecuado para la fiesta, cuya secuencia tenga sentido rítmico y que mantenga a su público en una “montaña rusa” de emociones hasta llevarlos al clímax, atendiendo a un lapso de tiempo limitado. Al preparar su contenido, el orador tendrá que partir pensando en un objetivo claro y adecuado a la audiencia que le escuchará, pensando en que su mensaje logre un propósito específico (normalmente algún tipo de acción), también sabiendo que tiene una limitación temporal.

Observar a su audiencia en todo momento

Mientras pincha los discos cuidadosamente seleccionados para el evento, el buen DJ observa en todo momento la reacción de su público para asegurarse de que cada tema inyecte un chute de adrenalina en el ambiente. Los gritos, los botes, las sonrisas, las manos en el aire, el contacto físico entre los allí presentes, son todos muestra de que se lo están pasando bien y de que el Señor a los platos está dando en el clavo. El orador debe también tener en cuenta que la idea no es dar un sermón y punto, sino que lo que sea que diga, provocará reacciones inmediatas en su público y que dichas reacciones pueden ser muy fácilmente detectables siempre que esté atento. El observar a la gente mientras presenta le permitirá medir la calidad de su trabajo en tiempo real a partir del lenguaje corporal, el contacto visual y la atención que cada quien le esté prestando.

Ser flexible

Si, por alguna razón lo que pone el DJ no está satisfaciendo la necesidad de marcha de de la pista de baile y se da cuenta de que la energía está disminuyendo, hay menos movimiento y los “bailarines” comienzan a migrar hacia la barra, éste debe estar preparado para cambiar las reglas del juego y tocar una pieza capaz de recuperar la euforia perdida y así volver a hacerlos vibrar. Del mismo modo, si el presentador nota que pierde a su audiencia al notar caras largas, bostezos y miradas perdidas, o siente que ésta se distrae con sus dispositivos móviles, el material de apoyo o directamente con el vecino, es preciso que cambie de estrategia, ya sea modificando el ritmo, saltando a un tema distinto o invitando a la interacción (con preguntas o ejercicios prácticos). Suena fácil pero ambos casos requieren tanto de una preparación exhaustiva como de largas horas de práctica.

Como público, ya sea en una discoteca o en un auditorio, buscamos un beneficio palpable, algo que mejore nuestro estado actual, algo que cambia nuestra vida. Ya sea con música como con un mensaje (en principio) motivador, queremos sentir que, al salir de la función, el tiempo invertido haya valido la pena y que lo presenciado haya, por lo menos, cumplido con nuestras expectativas más exigentes.

Por ello, ya seas maestro de ceremonia o de las mesas de mezcla, no estaría mal aprovecha lo que queda de verano y dar un salto a la isla blanca. Quién sabe si tienes una revelación mientras te dejas seducir por los sonidos electrónicos y los sintetizadores.

Imágenes por radio1interactive

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