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El secreto de la ventaja competitiva personal

Nada en la vida es gratis. O casi nada.

Parecería como si todo lo que realmente valiera la pena requiriera de un cierto nivel de esfuerzo. Horas de trabajo, reflexión, dinero y cualquier otra “divisa” por la que hacer trueque.

Cuando conseguir algo tiene un alto coste, alcanzarlo satisface. Y mucho.

En cambio, cuando no nos cuesta nada, lo que conseguimos pierde importancia y pasamos rápidamente a otra cosa.

Conocimiento y habilidades

Juan Roure, profesor de IESE Business School dice, hablando sobre negociación:

“La negociación es una habilidad crítica, pero nos hemos parado poco a reflexionar al respecto y, por ello, no nos damos cuenta de cuando no nos sale bien.” tweet

Y la palabra clave es habilidad ya que según él mismo:

“El conocimiento se consigue aprendiendo. La habilidad se consigue practicando.” tweet

Las habilidades son una de estas cosas que, normalmente, requieren esfuerzo. Hay quienes tienen ciertas facilidades para aprender y hacer las cosas bien muy rápidamente; algunos le llaman talento. Pero, por mucha facilidad que se tenga, el nivel de maestría en cualquier cosa, sólo se aprende con sudor y horas de vuelo.

En su libro “Mastery”, George Leonard dice que el aprendizaje normalmente ocurre por fases. El proceso de aprendizaje suele comportar breves saltos de progreso seguidos de una ligera caída hacia un “valle” algo más alto que el valle anterior al momento de la mejora. Las personas que conocemos como auténticos maestros de una habilidad, dice Leonard, no dedican su tiempo a dicha habilidad por el mero hecho de mejorar. Les encanta practicar y, en consecuencia, mejoran.

Y es que ser maestro en cualquier juego, cualquier arte, cualquier habilidad, implica ser un maestro de la práctica. En cualquier ámbito de la vida.

Comunicar eficazmente es una habilidad

De Joseph O’Connor y John Seymour, autores del libro “Introducción a la Programación Neurolingüística”, aprendí que el proceso de aprendizaje de cualquier habilidad pasa por cuatro fases concretas.

1. Incompetencia inconsciente

Cuando no sabemos hacer algo y ni siquiera sabemos que no tenemos la habilidad para hacerlo.

Parece un juego de palabras, pero tiene sentido. Piensa en la primera vez que hablaste en público. Antes de eso, probablemente nunca te habías planteado el tener que hacerlo. Por ello, no sabías hacerlo, pero por no planteártelo siquiera, no sabías que no eras capaz de hacerlo de manera eficaz.

2. Incompetencia consciente

Cuando tomamos conciencia de que no sabemos hacer algo y otras personas sí.

En esa primera ocasión en la que te “enfrentaste” a un público e hiciste tu primer intento de presentación. Te salió más o menos mal y te diste cuenta de que no tenías los conocimientos ni el rodaje suficientes como para hacerlo igual de bien que conduces o montas bici, por ejemplo.

3. Competencia consciente

Cuando, tras comenzar a dedicar horas de práctica a una habilidad, vamos experimentando progreso, pero todavía requerimos de “ayuda” para conseguir resultados positivos.

Tras varias presentaciones, te diste cuenta de que había recursos de aprendizaje disponibles en internet. Que conocías a otras personas a las que hacer presentaciones se les daba bien y comenzaste a copiar algunas de las cosas que te gustaban. Incluso hiciste algún curso de comunicación y, con todas estas herramientas, pudiste ver cómo tu más reciente presentación superaba de largo a la primera. Pero para mantener ese ritmo de mejora, todavía necesitabas mirar tus apuntes en el proceso de preparación, llevar contigo una chuleta, no salirte de las recomendaciones más básicas…

4. Competencia inconsciente

Cuando, después de muchísima práctica, la habilidad se convierte en una parte propia de nosotros como individuos y nos sale con total naturalidad.

Después de muchas horas planificando, preparando, ensayando y poniendo en escena presentaciones. Después de muchas horas hablando ante públicos diversos. Después de muchas horas de feedback e introspección, retocando y haciéndolo distinto a la siguiente ocasión. Ahí llega ese momento en el que, como cuando nos quitan las rueditas de la bici por primera vez, salimos disparados sin tener que pensar en cada movimiento que hacemos, porque éstos salen solos y salen bien.

Tipos de práctica

En mi experiencia hablando en público y haciendo presentaciones, hay dos tipos fundamentales de práctica.

(a) Práctica a corto plazo

Ésta equivale al ensayo. Son las horas que dedicamos a hacer nuestra presentación en privado antes del día “D”.

¿Qué aporta el ensayo o práctica a corto plazo?

  • Fluidez: El mensaje sale solo, sin tropiezos, como si se nos estuviera ocurriendo de manera mágica en ese momento.
  • Naturalidad: Al no tener que preocuparnos por las palabras, podemos dedicar nuestra atención a conectar y conversar.
  • Seguridad: Sabiendo que nos lo sabemos, el nivel de ansiedad se reduce considerablemente. Y tras haber pasado el primer minuto, el resto se hace mucho más sencillo.

Lamentablemente, en la gran mayoría de los casos, a este tipo de práctica no se le da mucha importancia. Por inconsciencia o mala planificación, es muy normal ver cómo terminamos de preparar el PowerPoint a las 2:00 de la madrugada. A las 6:00 nos levantamos de un sobresalto y, con la lagaña encima, salimos nerviosos, pitando hacia el lugar de la presentación. Y aprovechamos el momento en el taxi o en el avión para repasar mentalmente nuestras ideas.

Luego nos sorprende lo mal que salen las cosas… El nivel de ansiedad sube. Abrimos el PowerPoint equivocado. Confundimos los nombres de las personas. Nos tropezamos constantemente. Saltamos diapositivas hacia delante y hacia atrás porque no tenemos muy clara la línea argumental. Y al final nos dejamos cosas importantes por decir.

¿Qué hacer para evitar el bochorno? Practicar.

Claves para practicar una presentación

  • Verbalizar: No basta con repasar el discurso mentalmente. Hay que decirlo en voz alta imaginándose en el lugar en el que ocurrirá. A mí me funciona verbalizar el primer párrafo y, cuando lo tengo interiorizad, hacer primero y segundo. Y cuando tengo ambos interiorizados, hacer primero, segundo y tercero. Y así sucesivamente.
  • Memorizar la estructura: Ojo que en el párrafo anterior hablo de interiorizar el contenido. Porque memorizarlo palabra por palabra es una receta casi segura para el fracaso ya que, si se nos escapa una palabra, no podremos conectar con la siguiente idea. En cambio, sí es importante memorizar la estructura para asegurarnos de mantenernos siempre en el buen camino y, porque, aunque se nos olviden ciertas ideas, siempre podremos recuperarnos.
  • Usar notas esquematizadas: Las notas son importantes porque la memoria siempre puede fallar. Y si no somos capaces de recuperarnos, todo se va al garete. La idea es tener en un folio o tarjeta los puntos principales enumerados usando palabras clave, ordenadas y escritas en grande, de forma tal que podamos acceder a la idea que no nos sale con solo un vistazo rápido. Ensayar con las notas en lugar de con todo el guion nos enseña a usarlas para que, en el momento de la verdad, podamos hacerlo sin que se note.

(b) Práctica a largo plazo

A esto le llaman tablas. Y las tablas sólo se consiguen tras haber practicado en muchas ocasiones y en contextos distintos. Sin entrar al número de horas o de presentaciones que se requieren para ser un maestro, lo que está claro es que mientras más veces hablemos en público, mejor terminaremos haciéndolo. Aunque con una pega.

“La práctica no hace al maestro. La práctica deliberada hace al maestro.” tweet

Me encanta llenarme la boca con esa frase. Siempre la diré.

¿En qué consiste? En practicar, retocar y mejorar, para comenzar de nuevo haciéndolo un poquito mejor. Una y otra vez.

Es el feedback que nos permite ir dando esos pequeños saltos de mejora de los que habla George Leonard. Es la clave entre mejorar y empeorar. Porque hacer algo mal muchas veces puede que nos haga mejorar en algunos aspectos pero, sin lugar a duda, nos hace empeorar en otros.

Cómo obtener feedback

Funcionan varias cosas.

  • Pedírselo a alguien de confianzaQue tome nota sobre cómo lo hacemos, tanto para lo bueno como para lo mejorable. La ventaja es la inmediatez. La desventaja es que no siempre hay gente de confianza disponible o lo suficientemente sincera.
  • Grabarse en vídeoVerse a uno mismo hablando en público es una de las experiencias más reveladoras que existen. La ventaja es lo potente que es. La desventaja es que no siempre hay una cámara disponible y, por otro lado, da mucha pereza verse en vídeo. En mis cursos suelo grabar a la gente y mostrar les el vídeo casi al momento, porque si sólo les envío las grabaciones, casi nunca las ven.
  • Mantener un diario: Esta idea se la escuché a Juan Roure cuando hablaba sobre negociar. La idea es hacer un ejercicio de reflexión después de presentar y tomar nota de lo que salió bien y lo que podría mejorar. La ventaja es que con el mero hecho de hacer este ejercicio mejoramos. La desventaja es que la opinión propia es muy subjetiva y el recuerdo es limitado.

Las tablas y el falso maestro

A más tablas, más fácil se llega a la fluidez. Pero las tablas no sustituyen al ensayo, sólo lo facilitan y lo hacen eficiente.

Muchos directivos están curtidísimos por haber hablado frente a públicos distintos en muchísimas ocasiones. Pero esa misma experiencia, en ocasiones, les juega en contra. Por la mera idea de que “yo tengo muchas tablas”, obvian el proceso de planificación y preparación, llegando a la ponencia con unas notas bosquejadas en el último minuto.

¿En qué deriva esto? En salidas tangenciales, repeticiones innecesarias, muletillas a dos manos, obviar información importante. Y al final, aunque haya salido medianamente bien, si hubieran dedicado tiempo a la preparación, lo habrían podido hacer mucho mejor, perdiendo la oportunidad de dejar a su público encantado y embobado.

Una ventaja competitiva

Pero esto para ti, que tienes inquietudes y ganas de hacerlo mejor, y sabes que nada en la vida es gratis, supone una ventaja. Si la gran mayoría de las personas no se prepara bien y no practica a conciencia, al hacerlo tú consigues una ventaja competitiva brutal. Y ahí está la clave a la hora de destacar y diferenciarse. Basta con hacerlo un poquito mejor.

Practica. Practica mucho y de manera deliberada. Verás como comenzarás a sacarle ventaja a los demás, a obtener mayor visibilidad en tu entorno, y a aprovechar mejor las oportunidades que se te presentan. Porque, a igualdad de condiciones, quien comunica mejor gana.

Y tú, ¿de qué otra manera consigues ventaja competitiva a la hora de hablar en público y hacer presentaciones? ¿Qué otros secretos conoces para practicar y mejorar? Compártelo en la sección de comentarios para seguir la conversación.

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