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Contextualizar para encontrar la historia detrás del dato

todo tiene su historia

Hace unos sábados participé en un fantástico tour del mercado de Pere Garau en Palma de Mallorca, conducido por mi gran amigo Jorge Colalongo, chef y experto en gastronomía mediterránea. Durante las dos horas largas que estuvimos allí nos hizo un recorrido histórico del lugar y nos llevó a los diferentes puntos de venta explicándonos en detalle cada género alimenticio, su historia, su uso, cómo cocinarlo, con qué combina, niveles de precio y otros tantos detalles más. Al terminar el recorrido, llevamos lo que compramos a uno de los puestos de cocina y nos lo prepararon en la plancha, acompañado de cerveza fresquita fresquita.

Lo que habría podido ser una mera visita al mercado para comprar víveres se convirtió en una experiencia entretenidísima por dos razones: el conocimiento de Jorge y su manera de contarnos las cosas. En otras palabras, el dominio de la teoría envuelto dentro de una historia.

Una de las razones por las que la gran mayoría de las presentaciones resultan tostones infumables dignos de harakiri es que no son más que vomitonas de teoría. Dato tras dato, la mayoría de los presentadores no hacen más que escupir información. Y claro, eso hace que nos terminemos aburriendo, dejemos de prestar atención y las presentaciones no cumplan su cometido.

Todo tiene su historia

Los alimentos que comemos, los lugares que visitamos, la gente que conocemos e incluso las decisiones empresariales que tomamos, todos tienen una historia detrás. No son fruto de la magia. Ha habido todo un proceso para que existan. Y adivina qué: por regla general, nos gusta escuchar dichas historias. Porque las historias nos ayudan a dar sentido a las cosas y, sobre todo, a nuestras propias vivencias. Cuando escuchamos un cuento o una anécdota buscamos consciente o inconscientemente las posibles conexiones con nuestras propias historias.

No es lo mismo dar información y punto, que contarla de manera contextualizada. La primera desconecta, la segunda conecta. Y si hay conexión, hay atención y mayor probabilidad de obtener resultados satisfactorios.

¿Cómo encontrar la historia detrás del dato?

En el instituto me enseñaron el significado de la palabra contexto que, según la RAE, significa “entorno físico o de situación en el que se considera un hecho”. Un poco rimbombante, ¿no? De manera más simple, el contexto de algo incluye un qué, un cómo, un cuándo, un dónde y un por qué.

Veámoslo con un ejemplo.

El dato:

Casi seis millones de parados en España en el año 2013.

Es una realidad deprimente. Pero el dato por sí solo no dice mucho más que eso. Y acompañado de otros datos sueltos uno detrás de otro, termina perdiendo fuerza y se pierde en una nebulosa de teoría. Acompañar el dato de su historia, nunca dejando perder de vista el objetivo de la ponencia, lo hace más potente y memorable.

Una historia genérica:

En el año 2007 (el cuándo) casi todos los españoles (el dónde) vivíamos contentos. Teníamos cochazos, pisazos y sueldazos y, sin darnos cuenta, todo cambió. Comenzó lo que hoy conocemos como la famosa “crisis” (el qué). En sólo un suspiro, el motor económico que había inflado la burbuja utópica en la que vivíamos dejó de funcionar y dicha burbuja se desinfló, sacando a la luz la verdadera realidad detrás de todo esto. Los negocios comenzaron a cerrar, las personas comenzaron a quedarse sin empleo y esa bonanza ficticia en la que vivíamos desapareció por completo (el cómo). Todo, gracias a no darnos cuenta de que vivíamos por encima de nuestras posibilidades y porque unos cuantos no querían que nos diésemos cuenta (el porqué). Y así, en 2013, llegamos a casi seis millones de parados.

Una anécdota personal:

En el año 2007 (el cuándo), recién mudado a Palma (el dónde), vivía en mi mundo de yuppie. No, no tenía pisazo, no tenía cochazo, ni tenía sueldazo, pero sí una sensación de que todo comenzaba a irme muy bien. Pero, sin darme cuenta, todo cambió. Comenzó lo que hoy conocemos como la famosa “crisis” y pocos meses después me quedé en paro (el qué). La empresa para la que trabajaba decidió que no le era rentable continuar operando en España y cerró el chiringuito (el por qué). Una carta de despido, la firma de un finiquito (el cómo) y a buscarme la vida para intentar salir airoso de la situación y dejar de formar parte del colectivo de desempleados que terminaría llegando a casi seis millones en el año 2013.

No, todas las presentaciones no son aptas para que contemos historias personales. Pero no conozco ninguna presentación en la que no podamos contar una historia genérica que nos permita contextualizar los datos.

Encontrar la historia detrás del dato y usarla en nuestras presentaciones engancha. Por ello, encuentra la historia detrás de tu tema y darás mayor significado a tu presentación.

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Image de Eva Vigil

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Comentarios

  1. Me figuro que en el grupo que asiste a una conferencia hay cierta coherencia, puntos comunes que permitirían encontrar la conexión entre la mayoría para detectar la historia que puede motivarlos

    • En la mayoría de los casos suele haber puntos en común entre la mayoría de los miembros del público. Es responsabilidad del ponente haber analizado de antemano quién es ese público y qué necesidades tiene, para así seleccionar el contenido y las historias más adecuadas.

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