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Espontaneidad premeditada para ganarnos al público

Espontaneidad premeditada

Hace unos días en nuestra reunión semanal de Toastmasters, mi compañero Hilario Bautista, Vicepresidente de Educación, hacía su intervención habitual informándonos sobre las noticias de último minuto y los próximos eventos. Durante los cinco minutos que habló, mantuvo a la gente enganchada y con ganas de seguir escuchándole, a pesar de que algunos de los puntos tratados eran temas organizativos, no necesariamente interesantes para todos.

¿Qué hizo que Hilario mantuviera la atención de la gente durante esos cinco minutos? Su autenticidad, su naturalidad, su frescura y sus ocurrencias capaces de hacer reír a cualquiera. En una sola palabra: espontaneidad. Ésta es una de las cualidades que hacen de Hilario un grandísimo orador en potencia.

La Real Academia Española define la espontaneidad como expresión natural y fácil del pensamiento. Y del espontáneo dice que es la persona que durante una corrida se lanza al ruedo a torear. En otras palabras, lo espontáneo es algo que nace del momento y que no está premeditado. Por ello, la espontaneidad es fresca y natural. Y por eso mismo, atrae tanto cuando escuchamos a alguien hablar en público porque nos sorprende la mezcla de soltura con una aparente falta de preparación.

La espontaneidad puede ser peligrosa 

Pero ojo, no hay que confundir espontaneidad con falta de preparación. Nunca defenderé llegar a una presentación a pelo, sin nada preparado y tirar de experiencia para ver lo que pasa. Hacer esto es receta infalible para uno de tres resultados (o una mezcla de todos):

  1. Quedarse en blanco y no saber recuperarse
  2. Tropezarse incansablemente durante toda la ponencia
  3. Irse por las ramas, diciendo poquísimo con muchas palabras, sin concretar

“Normalmente me toma más de tres semanas preparar un buen discurso espontáneo.” – Mark Twain tweet

La espontaneidad premeditada como método para ganarnos al público concienzudamente

Suena raro, ¿no? Si lo espontáneo es lo que sale natural, en el momento, sin haberlo pensado antes, ¿cómo es posible ser premeditadamente espontáneo?

La clave está en practicar verbalizando la ponencia lo suficiente como para que la estructura nos quede grabada en fuego y el guión nos salga de manera fluida. Llegar a este punto de comodidad con nuestra presentación nos permitirá no tener que pensar en qué decir (porque eso saldrá solo) y enfocarnos más en ser nosotros mismos. En disfrutar del momento, de la oportunidad y del público.

La espontaneidad premeditada es aquella que surge como resultado de una soltura natural sólo posible tras una preparación exhaustiva.

¿Qué opinas? ¿Cómo logras equilibrar la preparación y la espontaneidad?

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Imagen de Eddric Lee

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