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Feedback (3): Cómo obtener feedback de nuestras presentaciones

La práctica hace al maestro, dije en una entrada pasada. Y ciertamente, sin práctica, mejorar nuestro rendimiento en cualquier área es imposible. Pero la frase “la práctica hace al maestro” tiene sus matices. Porque practicar de forma incansable algo que está mal, nos hace maestros a medias, maestros deficientes. Pero,¿cómo obtener feedback de nuestras presentaciones?

Una de las tantas cosas que he aprendido en Toastmasters es la importancia de la evaluación. Pero este feedback, cuando proviene de otras personas, no deja de ser una opinión más o menos fundada con la que podremos estar o no de acuerdo. Dependerá siempre de nosotros si coger o dejar dichos comentarios como forma de elegir la línea de mejora que creamos más conveniente.

Siendo una herramienta muy potente, el feedback que nos puedan ofrecer otros no es la panacea. Por mucho entrenamiento que tenga la otra persona, y por muy buena que sea observando y detectando oportunidades de mejora, su opinión (en segunda persona) vendrá sobre algo que hemos experimentado de forma distinta (en primera persona). El mero chute de adrenalina que conlleva estar en escena (en comparación con la tranquilidad de quien observa desde el lado opuesto) hace que nos perdamos muchos de los detalles de nuestra propia charla. Por ello, nada como grabarse en vídeo para contrastar (1) nuestras propias sensaciones tras la ponencia con (2) los comentarios y evaluaciones del público sobre ésta.

Grabarnos en vídeo nos permite analizar cada momento de la ponencia, cada sonido, cada movimiento, y usar dicho análisis para reflexionar e implementar mejoras en nuestra siguiente ponencia.

Nick Morgan, en su blog Public Words, sugiere un ejercicio bastante especial a la hora de estudiar nuestras charlas en vídeo. Lo he probado y he descubierto cosas muy interesantes. Invita a no ver el vídeo sin más a la primera oportunidad. Recomienda que primero sólo lo veamos (sin escuchar), luego sólo lo escuchemos (sin ver) y, finalmente, veamos y escuchemos a la vez.

Partiendo de la opinión pública que indica que las personas privadas de algún sentido (como los no videntes) suelen tener los demás sentidos más desarrollados, el privarnos de uno de nuestros sentidos (aunque sea momentáneamente) permitirá que usemos los demás con mayor intensidad.

Instrucciones para autoevaluarnos al hablar en público

1. Sólo observar

Comenzar sólo mirando hace que nos percatemos de nuestra presencia en escena, de nuestros movimientos, de nuestros gestos, si sonreímos, si mantenemos contacto visual o si usamos un lenguaje corporal abierto, y cómo todo esto, en conjunto, nos muestra ante el público.

Hice el ejercicio viendo el vídeo de un discurso en el que me quedé en blanco dos veces. Pude percibir que comenzaba notablemente nervioso, con movimientos bastante errantes y entrecortados. A medida que pasaban los segundos, notaba cómo iba entrando en mi “elemento” y recuperando la confianza. Hasta que me quedé en blanco y tuve que tirar de la chuleta, pero no logré recomponerme del todo. Independientemente de ello, me di cuenta de que me muevo demasiado sobre el escenario, pero sonrío con frecuencia y tengo buen contacto visual con la audiencia.

2. Sólo escuchar

En la segunda ocasión, continuar sólo escuchando nos ayuda a olvidarnos de la parte física y percibir mejor el tono de nuestra voz, su ritmo, nuestro uso de las pausas y qué tan bien utilizamos el lenguaje verbal y paraverbal (manejo de la voz).

En el mismo ejercicio noté que estaba pausando en momentos no “estratégicos”, y menos en los momentos de mayor impacto. Me di cuenta de que, de vez en cuando, puedo usar una voz muy teatral y no sonar tan natural como quisiera; en cambio, en ocasiones en las que un poco de expresividad vendría bien, puedo sonar monótono. Sí reconozco que logro proyectar bien la voz hablando a la última fila, y nadie se queda sin escuchar.

3. Ver todo en conjunto

Tras haber hecho los dos primeros ejercicios, ver todo en su conjunto permite tener una “visión” global más potente, en la que todo lo anterior cobra un mayor sentido. Nos damos cuenta de lo que transmitimos en sentido general y podemos ya tomar nuestras últimas notas sobre qué mejorar en la siguiente ocasión.

Al quedarme en blanco, debo aprender a reaccionar con mayor calma ya que, cuando esto sucede, no es el fin del mundo. Tomar mis notas (y cuando digo notas, no hablo de un guión… digo notas), buscar la palabra clave que me permita recuperar el hilo, y continuar sin necesidad de decir o expresar nada que refuerce el hecho de que me he perdido (ya que, en ocasiones, muchos no se dan cuenta del impasse).

No soy detractor del ser evaluado por otras personas. Todo lo contrario. Lo considero francamente útil y, un acto de humildad el que el sujeto de la evaluación sepa aprovecharlo. Lamentablemente, es poco habitual que recibamos retroalimentación por parte de los demás. Por ello, si estamos comprometidos con la mejora continua, es necesario aprovechar otras herramientas, y es ahí donde grabarse es muy valioso. Porque experimentar hablar en público en primera persona es intenso, pero hacerlo también en segunda persona es revelador.

¿Quieres aprender a autoevaluarte cuando hablas en público? Grábate en vídeo y luego lee esta entrada sobre cómo evaluar un discurso.

Imagen iStockphoto

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