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El peligro de hacer una presentación ajena

¿Alguna vez has tenido que hacer una presentación no preparada por ti? Yo también, y fue un desastre.

Un par de horas antes me dijo mi jefa: “tienes que presentar estas diapositivas frente al equipo comercial porque me ha surgido un imprevisto”. Inmediatamente dejé todo lo que estaba haciendo y me metí de lleno. Repasé cada diapositiva, tomé nota de mis dudas, las aclaré con ella, busqué entender el mensaje, redacté algunos puntos importantes y pensé en una que otra frase de transición para hacer el proceso algo más fluido. Cuando llegó la hora, abrí la boca y salí del paso como bien pude. Efectividad dudosa…

Hacer una presentación ajena = Descontrol

No preparar las presentaciones nosotros mismos y tener que hacer las de otros casi “a pelo” implica (al menos):

  • No digerir ni interiorizar bien los conceptos
  • No estructurarlas necesariamente en una secuencia que nos parezca lógica
  • No contar con el tiempo necesario como para asimilarlas y practicarlas lo suficiente

En otras palabras, perder el control del asunto.

Pero lamentablemente esto pasa. Y la clave última está en el tiempo disponible y en la complejidad del tema. Si es un tema que pilotamos de maravilla, no hará falta demasiado tiempo para hacer que la presentación se convierta en nuestra. Si los conceptos no son pan nuestro de cada día, habrá que dedicarle más horas.

Al fin y al cabo, si cuando las preparamos nosotros mismos debemos echar horas planificando, preparando y después ensayando, está claro que si el contenido y las transparencias son de otro, lo suyo es invertir, por lo menos, algo más de tiempo y esfuerzo en practicar. ¿No?

Mientras más tiempo tengamos y mejor uso hagamos de éste, mejor quedará la presentación; sea nuestra, sea de otro.

Imagen de Stephen Bowler

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