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La expresividad es importante para lograr que el público nos entienda

Hace unos días hablábamos de la serie de televisión americana The Following en la que Kevin Bacon hace de consultor para el FBI y su trabajo consiste en perseguir (hasta atrapar) al malo, un asesino en serie con acento británico. Eva, mi mujer, a pesar de estar semi enganchada a la serie, se burla del protagonista por no ser capaz de expresar visiblemente ningún tipo de emoción (al parecer, a causa del botox). Y dice:

  • “Éste es Kevin Bacon contento” (cara seria).
  • “Éste es Kevin Bacon triste” (cara seria).
  • “Éste es Kevin Bacon cabreado” (cara seria).
  • “Éste es Kevin Bacon serio” (misma cara seria).

Y así podría llegar al infinito y más allá sobre la grandísima capacidad de actuación y  camaleónica expresión de este señor.

¿Por qué cuento esto?

La expresividad es importante para transmitir efectivamente un mensaje

Porque los gestos producidos por la cara con los ojos, la nariz y la boca, son fundamentales para transmitir emociones y, con éstas, un mensaje claro.

Con los gestos transmitimos:

  • Alegría, al anunciar a la familia que nos casamos.
  • Entusiasmo, al hablar de ese nuevo proyecto que tanto nos apasiona.
  • Orgullo, cuando fardamos de las buenas notas de nuestros hijos.
  • Enfado, cuando esos mismos hijos llegan a casa dos horas más tarde de lo previsto.
  • Tristeza, cuando hablamos de la muerte de un ser querido.
  • Angustia, al describir al médico un cólico nefrítico.
  • Asco, al hablar del mal olor en el autobús en pleno verano.

Y así sucesivamente, la cara lo dice todo si no le impedimos que lo haga.

Al hablar en público nos volvemos inexpresivos 

Pero por alguna razón, cuando hablamos en público, dejamos de ser nosotros mismos. Pasamos de la naturalidad al automatismo. La frescura y espontaneidad se dejan a un lado para “guardar la compostura” y mantener una imagen de persona dura, responsable y seria. Pero, ¿para qué? ¿Para quedar bien? ¿Para evitar ser juzgados? ¿Para que no nos coman los leones?

Sea cual sea la razón, no nos soltamos frente a un público como lo haríamos en un coloquio frente a nuestros amigos de toda la vida y, por ello, no transmitimos la misma naturalidad de siempre (que acompaña a un mensaje, por lo regular, claro).

Cómo transmitir naturalidad frente al público

No. No todo está en las expresiones. De hecho, todo está en la cabeza y en las películas que nos montamos. Pero, ¿no dicen por ahí que mente y cuerpo son parte de lo mismo? ¿Qué son una sola cosa? Si tenemos eso en cuenta, cualquier cambio físico se tendría que ver reflejado en lo mental, y viceversa.

Entonces, dos recomendaciones:

1. Haz un esfuerzo por ser tú mismo

No se trata de ser el payaso del instituto (que solemos ser los sábados después de un par de “gintonics”). Pero sí ser la misma persona que comparte todos los días con un grupo de compañeros a los que tiene confianza. Intenta transmitir esa misma confianza a quienes hablas cuando haces presentaciones. El acercamiento emocional será mucho mayor que si te ciñes a presentar un contenido. Siendo tú mismo, saldrá a la luz la expresividad del día a día y la gente lo notará y lo agradecerá.

2. Exagéralo un pelín

¿Has notado alguna vez la diferencia entre el teatro y el cine? La lejanía en el primero (en comparación con la cercanía de la cámara en el segundo) hace que sea necesario exagerar las expresiones faciales (y los gestos en general) para que el público los perciba y pueda interpretar mejor el mensaje. Hablar en público es al teatro lo que hablar cara a cara es al cine. Requiere de mayor acentuación física para que quienes nos escuchan perciban sin problemas lo que queremos expresar.

Por ello no temas en exagerar un poco los gestos faciales y corporales que te salen naturalmente cuando hables frente a un grupo de personas. Tu mensaje llegará con fuerza y logrará los resultados que buscas.

Imagen de Esther Marí

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