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La repetición: Clave para hacer que nuestro mensaje sea memorable

Repetición

Una medida adecuada de la efectividad de un discurso es su tiempo de vida en las cabezas ajenas. Un discurso efectivo es aquél cuyo mensaje permanece vigente en las mentes de quienes lo escucharon tres días, tres semanas o incluso tres meses después de haber sido presentado.

Según Nick Morgan en su libro Give Your Speech, Change The World, la repetición es la figura lingüística más importante a la hora de redactor discursos. Las audiencias tienen dificultad para recordar lo que escuchan siendo capaces de retener sólo una fracción de las presentaciones a las que asisten. La repetición (por parte del presentador) les permite seguir la presentación y sentir que la están asimilando. Por ello, recomienda repetir una frase memorable varias veces durante el transcurso de la charla.

Por su dificultad y abstracción, pocos temas pueden ser tan espesos y aburridos como las finanzas. Ser capaz de enseñar esta asignatura sin provocar un efecto somnífero es un grandísimo logro. Hacerlo despertando el interés de los alumnos es casi magia negra. Manuel Romera, Profesor de Dirección Financiera del Instituto de Empresa, es uno de esos brujos. Por su energía, su método y sus formas tan poco ortodoxas, podría enseñar a cuadrar un balance a niños de diez años. Su peculiar manera canalla lo hace gritar, cantar y soltar a los alumnos la más creativa variedad de tacos y motes posible. Su arma letal: la repetición.

En las sesiones que presencié justo antes de las fiestas navideñas, el Profesor Romera indicó por activa y por pasiva que la salud financiera de una empresa se mide no por sus beneficios sino por su flujo de caja, por su liquidez, por el Rukiki. Dicho término (Rukiki), no sólo lo repitió mil y una veces. Hizo que los alumnos lo repitiéramos de forma coreada, cuales niños cantores, hasta haberlo incrustado en nuestras mentes. Resultado: no he parado de usar la palabra durante toda la navidad (y estoy seguro de que mis compañeros tampoco). Por ello, nunca olvidaré que lo que realmente importa es el cash flow.

Andrew Dlugan, en uno de sus artículos en su blog Six Minutes, habla sobre las figuras retóricas y cómo éstas son necesarias para dar vitalidad a los discursos. Agrega que, sin éstas, un discurso es como un cuadro sin color. Entre las figuras retóricas que detalla, dos tratan la repetición de palabras e ideas: anáfora (repetición de una palabra o frase al inicio de una oración o un conjunto de oraciones) y epístrofe (igual que la anáfora, pero efectuando la repetición al final). El uso de éstas y otras figuras retóricas confiere impacto a nuestros discursos, haciéndolos memorables.

En el discurso que hice en mi propia boda terminé casando a todos los presentes conmigo y con mi mujer. Pregunté unas siete veces “¿Quieres casarte con nosotros…?”, acompañando cada vez de una razón para hacerlo y, en cada caso, recibiendo de todos un “¡Sí quiero!” lleno de energía y entusiasmo. Sé que funcionó porque hoy, a más de cinco meses de la fecha, todavía hay personas que me hacen comentarios (muy concretos) al respecto.

Ojo, tampoco se trata de ser un pesado y hacer que todo nuestro discurso sea la mera repetición de una sola idea. Pero una idea contundente, corta y “pegajosa”, repetida en partes estratégicas de la ponencia, hará que tres días, tres semanas y tres meses más tarde, nuestro mensaje y nosotros mismos sigamos siendo recordados. Porque presentar trata de eso: de lograr un cambio en el público y que este cambio perdure en el tiempo.

Imagen por Cassie Ains

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