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Las tres Cs de la oratoria

Comunicar

“We are all public speakers” (“Todos somos oradores”) dijo, con muchísima razón, Diane Oatley, Vicepresidenta de Educación de Mallorca Wordsmiths Toastmasters. Y es que, formal o informalmente, con mayor o menor frecuencia y, delante de más o menos gente, todos hablamos en público. Sólo basta con pensar en la cantidad de reuniones a las que nos vemos obligados a asistir (de trabajo, de vecinos, de amigos) y en las que de nuestra participación activa dependerá primordialmente que logremos traer a los demás “participantes” a nuestro terreno. Por ello, ¿resultaría sensato preguntarse si lo estamos haciendo bien? Opino que sí.

En la pasada Conferencia de la División H Distrito 59 de Toastmasters, la oradora profesional Brenda Padilla explicó que para hablar en público de manera eficaz, hay que tener en cuenta las tres Cs de la oratoria:

Comunicar (un mensaje claro)

Con cuánta frecuencia bombardeamos a nuestros interlocutores con ideas inconexas, desorganizadas y sin una estructura coherente, con la esperanza de que se queden con “algo”. No nos damos cuenta de que, si no servimos el mensaje en bandeja y facilitamos su comprensión, lo único que lograremos será confundir. El mensaje a transmitir debe ser simple, ser elegante (sin desperdicios) e ir al grano. ¿Y cómo saber si nuestro mensaje es lo suficientemente claro?

  1. Debemos poder sintetizarlo en no más de quince palabras.
  2. Es útil tomar esas quince palabras y probar mencionarlas en una conversación, pasar inmediatamente a hablar de otra cosa y, al cabo de unos minutos, averiguar cuánto recuerda la otra persona y si es capaz de repetirlas (a su manera). No recordar un pepino es indicador de que el mensaje no carece de claridad y precisa reformulación.

Cautivar

Anuncios publicitarios aparte, hoy en día cuesta más que nunca atraer y mantener la atención de la gente, en gran medida debido a la existencia de los móviles y las tabletas que, por un lado nos conectan con la red, por otro nos desconectan de la gente. Por ello, no basta con ser un orador dinámico, de gran expresividad y con capacidad para usar diversos registros de voz.

Para cautivar a la audiencia es imprescindible ofrecer un contenido potente y colorido, pintado de historias y de ejemplos que permitan aterrizar nuestras ideas y evitar un efecto somnífero. Luego habrá que ayudarse de imágenes, vídeos u objetos, que enriquezcan el mensaje de manera visual y faciliten su entendimiento al ser percibido por más de un sentido (oído y vista).

Convencer

Brenda enfatiza el hecho de que no podemos convencer sin un mensaje claro y sin cautivar a nuestro público. No obstante, estos dos puntos no son suficientes para convencer. Para ello es necesario tener credibilidad, es decir, ser percibido como una autoridad en el tema. También hay que creérselo, o sea, estar convencidos de los beneficios que aporta el mensaje que transmitimos.

¿Somos lo suficientemente expertos como para habernos ganado el derecho de hablar sobre lo que pensamos hablar? ¿Somos fieles creyentes de los beneficios que reportamos a nuestros oyentes, o no estamos vendiendo más que humo? A reflexionar al respecto…

Hablar en público no está reservado exclusivamente a los políticos o a los predicadores. No requiere un escenario ni un público sentado en configuración de teatro. Es actividad cotidiana de todos. ¿Por qué no sacarle el mejor partido posible?

Imagen de Josué_N

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