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Las ventajas de dormir bien antes de una presentación y qué evitar para fastidiarlo todo

dormir bien para presentar mejor

Te cuento un secreto… Me considero una necesidad fisiológica andante. Entre otras cosas porque, desde siempre, recuerdo haber sido dormilón. Durante los fines de semana de la pubertad, eran más que normales las noches de 12 y 13 horas en cama… De hecho, recuerdo mi récord de 14 horas durmiendo de forma ininterrumpida, y lo orgulloso que me sentí al día siguiente.

“Fastforward” al siglo XXI y pienso en esos años con gran nostalgia. Porque dormir tanto es un lujo que ya no me permito. Por necesidad o convicción, hace tiempo tomé la decisión de dormir menos para dedicar más tiempo a “mis cosas”. A temas productivos y actividades de calidad: leer, escribir, trabajar en proyectos personales…

Muchos dicen que dormir mucho es un placer. Otros dicen que es una pérdida de tiempo. Nadie duda de la actividad reparadora que representa y el bien que le hace al cuerpo y a la mente. Porque, un sueño de calidad en tiempo y forma nos prepara para afrontar cualquier situación con todos los sentidos en alerta.

Pero, ¿qué pasa cuando nos falta?

Cuánto NO dormir el día antes de una presentación

¿Te suena esta situación? Son las 20:00 del día anterior a una presentación importantísima. Como es habitual, no han parado de llover marrones y temas urgentes toda la semana. Esto te ha impedido dedicar tiempo a prepararte para la ponencia de mañana. Al menos con la dedicación que sabes requiere el asunto. Ya notas el cansancio del día, pero sabes que tienes que dedicarle mucho esfuerzo a la preparación porque hay “bastante” en juego. Cuán bien lo hagas determinará si continuarás recibiendo apoyo o no en el proyecto que llevas realizando durante los últimos meses; tu criatura, tu obra… Y pensar que ni siquiera has abierto el PowerPoint.

Con un tono autofustigador pero resignado te dices “¿por qué no comencé la semana pasada?”. Ya no hay vuelta atrás. Es esto o la muerte. Auguras una noche maratoniana de diapositiva tras diapositiva.

Y como vidente con su bola de cristal, se cumplen los presagios. Te metes en la cama a las 2:00 de la madrugada, justo tras haber guardado la última versión del “PPT”, y sin haber dedicado un solo momento ni a leer el material para interiorizarlo mientras duermes.

Como cada noche en la que un millón de ideas compiten en tu cabeza por el protagonismo, te cuesta conciliar el sueño; incluso sabiendo que mueres del cansancio. Con ansias por no dormirte, miras el reloj y ves como esos preciosos minutos de sueño se te escapan sin sentido, y eso te genera mayor ansiedad.

Finalmente, con cierta preocupación, logras dormirte, a saber a qué hora… Pero a las 7:00 suena el despertador y te levantas con unas ojeras de película de miedo y un nivel de ansiedad superior al habitual. Corres para prepararte porque sabes que vas a contra reloj. Y cuando te das cuenta, te queda sólo el tiempo del trayecto en taxi (o en avión) hasta el lugar de la reunión para hacer un “ensayo” final de la presentación.

La falta de sueño es perjudicial para el cuerpo y la mente

¿Qué ocurre en ese momento? Tu agobio aumenta por el simple hecho de saber que no te has preparado lo suficiente como para hacer un buen trabajo y porque tu cuerpo y mente no están en su mejor momento a raíz de no haber dormido bien.

La falta de sueño está asociada con la reducción del rendimiento cognitivo y con problemas de memoria, entre otros. Y si, al hablar en público, la mente no está en su mejor momento, las lagunas mentales pueden incrementarse y la agilidad para contestar preguntas difíciles de manera coherente se ve mermada.

Además, dormir poco reduce grandemente el nivel de motivación. El sueño hace que te “arrastres” por la vida con ganas de no hacer nada más que dormir. Y sin motivación, el entusiasmo, que es clave para realizar una presentación persuasiva, no aflora.

La Dra. Barbra Oakley de la Universidad de California San Diego dice que, durante el sueño, las neuronas se encojen y liberan toxinas, borrando las partes más importantes de la memoria y fortaleciendo las ideas que necesitas recordar. Esto, indudablemente, ayuda a pensar con mayor claridad al día siguiente.

Además, hacer un repaso de aquello que estés aprendiendo justo antes de irte a la cama, aumentara las probabilidades de soñar con ello y, por consiguiente, de entenderlo mejor.

Dormir poco y mal evita que estas cosas ocurran.

Dormir bien antes de una presentación o reunión importante 

El sueño es reparador y hace frente a los problemas mencionados arriba. Por ello, para asegurarte de hacer el mejor trabajo posible cuando te toque hablar en público, te sugiero que hagas lo siguiente:

1. Prepárate con tiempo

Date, al menos, una semana para preparar con calma tu presentación. Te permitirá llegar al día antes sin estrés y usar tu mente en lo que realmente importa: la visualización de lo bien que saldrá.

2. Haz un ensayo final la noche de antes

El repasar verbal y mentalmente el contenido, analizarlo nuevamente y buscar entender las posibles reacciones del público a éste, ayudarán a que te lo lleves inconscientemente a la cama. Durante el sueño, tu subconsciente seguirá trabajando “pico y pala” con el asunto y te despertarás con una buena parte ganada.

3. Vete a dormir temprano

O al menos asegúrate de que obtendrás el mínimo de horas de sueño que tu organismo necesita. Sin entrar en la necesidad “estandarizada” de las ocho horas de sueño, tú conoces tu cuerpo mejor que nadie. Hazle caso y duerme las horas que te pide habitualmente. Te verás en un buen estado físico y mental para afrontar el reto de enfrentarte al público.

4. Deja la última hora para relajarte

Estrechamente ligado a prepararse con tiempo, usar la última hora antes de presentar para despejar la mente y relajarse es lo mejor que puedes hacer. Esto te ayudará a reducir el nivel de ansiedad y a centrarte en el momento presente. Ambos necesarios para poder hacer un buen trabajo.

Duerme bien para presentar mejor. Agarrarás al toro por los cuernos y el éxito de tu ponencia dependerá exclusivamente de ti.

Créditos de imagen.

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