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Cómo evitar hacer un papelón – Los políticos y el miedo a hablar en público

No soy de hablar de política, pero este vídeo merece una mención.

 

Tras el ruido que han hecho los medios sobre la “pausa” para beber agua del republicano Marco Rubio en su respuesta al discurso del Presidente Obama sobre el estado de la unión, me preguntó mi amiga Cristina:

“¿Realmente importa tanto?” tweet

En mi opinión ha habido un problema de fondo (importante) y uno de forma (menos importante pero muy mejorable):

Problema de fondo

Cuando estamos muy nerviosos frente al público (o la cámara en este caso), producimos menos saliva, se nos seca la garganta, la boca se nos pone pastosa y, en consecuencia hacemos unas muecas horribles (por falta de lubricación) y nos cuesta hablar. Esto es muy fácilmente perceptible (incluso para el ojo poco crítico) y puede resultar negativo para la imagen del orador, sobre todo si se trata de una personalidad pública como lo es este señor. ¿Le falta práctica, le falta rodaje…? Al parecer tiene mucho de ambos, aunque un poco más de lo segundo (frente al teleprompter) creo que no le iría nada mal. Lo  que está claro es que intentar lubricar los labios con la lengua tan insistentemente queda fatal en un discurso de este calibre y, si sucede, hay que solucionarlo antes de que cante demasiado.

Problema de forma

Lo de pausar un instante para beber agua no me parece tan mal. El problema en su caso es que tenía la botella a “2km” de distancia, lo que le supuso tener que hacer malabares frente a la cámara para poder salvar el punto anterior. Si la hubiera tenido al alcance de la mano habría cantado mucho menos. Sí, lo habrían criticado también porque la situación subraya lo comentado en el punto de arriba (su grado de nerviosismo), pero al menos no se habría notado tanto y, probablemente, el asunto no sería la comidilla de las redes sociales y los medios online.

¿Qué podemos aprender de esto?

Se me ocurren algunos puntos…

  • El miedo a hablar en público es normal: Incluso hasta los políticos de alto nivel, acostumbrados a hablar frente a las cámaras y a miles de pares de ojos, sienten ansiedad a hablar en público. Lo importante está en hacer nuestros deberes previamente, atar todos los cabos y tirar sin mirar hacia atrás.
  • Hay discursos y hay discursos: No es lo mismo dar un discurso político frente a los medios que hablar en una boda íntima en la que sólo está nuestra familia. Mientras menos formal y solemne sea la ocasión, menos críticos serán con nosotros ante la improvisación y la falta de previsión. Y viceversa. Es por ello que…
  • La previsión es muy importante: Minutos antes de nuestro discurso es habitual que sintamos como si nuestro corazón nos fuera a taladrar el pecho para terminar saliéndose de la caja torácica. Sabiendo que con la ansiedad se nos secará la boca, tengamos agua al alcance de la mano para ayudar con la lubricación y poder seguir hablando sin interrupciones demasiado marcadas.
  • No interrumpir en momentos críticos: Si es imprescindible interrumpir, sea para beber agua como para secarnos el sudor, mejor hacerlo en un momento de transición y nunca inmediatamente antes/después de una frase contundente (punchline). No tener cuidado con esto restará fuerza a nuestro discurso y perjudicará la consecución de nuestros objetivos.

¿Qué opinas al respecto de todo esto?

Vídeo ABC News, imagen destacada DonkeyHotey

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Comentarios

  1. Sebastián,

    Completamente de acuerdo.

    Yo creo que el principal problema es que el propio ponente no le da el protagonismo necesario al hecho de beber agua.

    Si tu tienes la necesidad de beber agua; para, bebe y luego continua. Pero hazlo con toda la dignidad del mundo.

    En este caso, se ve que el propio ponente está incómodo por tener que para a beber. Su lenguaje corporal no puede ser más explícito. Así que da la sensación que él es el primero que se juzga a sí mismo por haber realizado esta acción. Y eso invita al resto a criticarlo.

    No pasa nada por beber agua. Incluso a veces puede ser un buen recurso para crear tensión mediante una pausa. El problema es pensar que no tenemos derecho a hacerlo. Porque entonces nuestros gestos nos delatan.

    Saludos,

    Roger

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