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Personajes Corporales: El Crítico de Arte o dar la espalda al público

Dar la espalda al público

Ésta es la cuarta entrada de la serie llamada Personajes Corporales dedicada a las malas prácticas de lenguaje corporal en las presentaciones. Cada una de estas entradas muestra un personaje de la vida cotidiana cuyos gestos son análogos a gestos específicos que debemos evitar al hablar en público, siempre que podamos.

EL CRÍTICO DE ARTE

“El Crítico de Arte” flipa. Flipa muchísimo con el lienzo que cuelga solitario y protagónico en medio de la inmensa pared. Es una obra maestra inigualable, sublime y, por ello, en el momento en el que admira dicha obra, ninguna otra cosa es tan merecedora de su atención como ésta. Lo demás es secundario. Lo demás queda a su espalda, abandonado en el olvido.

Cuando hablamos en público, un torbellino de emociones revoluciona nuestro interior. Y con tanta exaltación, lo normal es que nos movamos bastante y deambulemos de un lado a otro. En el camino, es posible que descuidemos a parte del público (a veces a la totalidad) y le demos completamente la espalda. Y esto no sólo ocurre debido a los andares, sino también cuando nos volvemos hacia la pantalla sobre la que proyectamos, o cuando nos acercamos hacia la pizarra sobre la que escribimos.

En dicho proceso nos podemos olvidar de que, igual que cuando interactuamos con un pequeño grupo, dar la espalda queda feo. Y así nos vemos (o nos ven) hablando hacia el vacío, hacia la pizarra o hacia la pantalla, mientras nadie termina de tener claro a quién es que en realidad queremos transmitir nuestro mensaje. ¿Al público o a la pantalla?

DAR LA ESPALDA AL PÚBLICO ES NEGATIVO

Dar la espalda (o no dar el frente) al público es negativo por dos razones:

1) Denota cierta falta de interés por nuestra parte hacia ellos. Cuando hablamos mirando hacia otro lado de forma continuada, terminamos mostrando que el público nos da igual; que pasamos olímpicamente de él.

2) Si no llevamos micrófono el mensaje puede perderse ya que, si hablamos al lado opuesto al que están nuestros interlocutores, es altamente probable que no nos escuchen. Y como ni siquiera pueden leernos los labios por no vernos la cara, ya me dirás cómo nos van a entender.

¿Cuál es la solución?

Mirar siempre hacia el patio de butacas; hacia donde está el público. Y si la mirada tiene que moverse hacia otro lado, al menos hacer que el resto del cuerpo siga estando de frente, indicando en silencio que seguimos estando interesados en conectar.

Por supuesto, habrá ocasiones en las que tengamos que darnos la vuelta. Pero no para leer nuestras diapositivas (pecado capital). Aunque sí para escribir sobre una pizarra o rotafolios. En ese caso, durante los instantes en los que escribamos, callémonos la boca y no digamos ni “mu”. Porque como no podemos hacer dos cosas a la vez en ese momento no nos queda más que escribir. Sólo escribir. Una vez escrita la última letra, soltemos la tiza o el marcador, démonos la vuelta y continuemos hablando.

Es normal que sintamos cierto nivel de ansiedad al hablar en público. La clave está en aprender a observar nuestro comportamiento en escena para, con la práctica y el feedback ir mejorando poco a poco y evitar este tipo de gestos que no hacen más que restar a la efectividad de nuestra ponencia.

Nota importante: Nuestro desenvolvimiento en escena es secundario y sólo importa si hemos hecho nuestros deberes con anterioridad. Esto significa haber planificado la ponencia concienzudamente, haberla preparado con esmero y haberla practicado hasta lograr una puesta en escena fluida. Si esto se ha hecho bien, lo siguiente en importancia es asegurarnos de que lo que digamos con la boca y con el cuerpo concuerde. Lo demás saldrá solo.

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Imagen de Kaptain Kobold

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