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¿Por qué es importante sonreír durante las presentaciones?

Sonreír

En su libro Cómo ganar amigos e influir sobre las personas, Dale Carnegie, gurú de las relaciones sociales y de la comunicación de principios del siglo pasado indicaba que la sonrisa es una mensajera de buena voluntad que ilumina a la gente que la ve y expresa “Me gusta usted. Hace que me sienta feliz. Me alegro de verlo.” Decía que la sonrisa cálida y amable inspira confianza y que, emplearla mientras se habla en público refleja estar contento de estar presente y, por consiguiente, tiene como efecto inmediato e inevitable que los oyentes sientan simpatía por el orador y también se alegren de verlo.

Según Wikipedia, la sonrisa es una expresión común que refleja placer o entretenimiento, que no sólo cambia la expresión de la cara, sino que también hace que el cerebro produzca endorfinas que reducen el dolor físico y emocional y proveen una sensación de bienestar (siempre que ésta sea genuina).

Citando de nuevo el libro El lenguaje del cuerpo de Allan y Barbara Pease, la sonrisa genera una reacción positiva en los demás, comunicando que no somos una amenaza. Además, debido a que somos un espejo de las actitudes de los demás, copiamos automáticamente sus expresiones faciales. Cuando sonreímos a una persona, esa persona suele devolvernos casi siempre la sonrisa, lo que genera sentimientos positivos en los dos. Por ello, la sonrisa influye directamente en las actitudes de los demás y en sus respuestas. Mientras más se sonríe, más respuestas positivas se obtendrán de los demás. Y es que los encuentros tienen resultados más positivos cuando se intenta sonreír regularmente.

Cuando sonreímos ante los demás, expresamos que estamos contentos de verles, que las cosas van bien, que estamos a gusto. Mostramos a la persona a la que sonreímos que nos gusta (con o sin connotación sexual) y que su presencia nos es grata. Una sonrisa sincera es nuestro pasaporte para permitir a las personas que se abran a nosotros y nos permitan compartir con ellas. En cambio, una cara de mala leche produce el efecto opuesto. Genera desconfianza, repulsión e incluso grima. Tendemos a alejarnos de aquéllos que llevan consigo una cara larga para evitar ser contagiados por sus malas energías.

Es habitual que, cuando presentamos, el público tienda en un principio a sentirse emocionalmente alejado de nosotros. Esto es normal ya que, por lo regular, somos unos desconocidos que venimos a trastocar su statu quo e intentar “cambiarles”. Comenzar con una sonrisa amable y sincera ayuda a acortar esa distancia, a derribar la barrera entre orador y audiencia, e inconscientemente, facilita que se genere una sensación de complicidad con todo aquel que sonríe de vuelta. Por ello, sonreír en escena es tan poderoso.

Con esto no pretendo que sonriamos siempre. Esto no sólo es imposible sino que puede resultar contraproducente. Hay momentos en los que hay que mantener una actitud firme y seria para lograr llamar la atención de los demás ante una situación tensa, delicada o preocupante. En estos casos, dada la incongruencia entre mensaje verbal y corporal, una sonrisa puede lograr el efecto contrario al deseado, quitando importancia y contundencia al mensaje. Pero restando estos instantes, cada vez que el mensaje transmite alegría, diversión o logro, una sonrisa es capaz de reforzarlo de tal manera que quien lo escucha lo sienta casi con la misma intensidad que nosotros mismos.

Curiosamente, cuando hablamos en público es muy fácil olvidarse de sonreír. Lo sé porque, a pesar de ser una persona muy sonriente en la vida cotidiana, en muchas ocasiones se me olvida sonreír cuando presento. Entre la lucha por no quedarnos en blanco, por mantener la compostura y por proyectar una imagen poco vulnerable y muy profesional, podemos pecar de mostrar una cara seria e inexpresiva. Y se nos olvida que, más allá del objetivo puro y duro de la charla, lo primero es disfrutar de ésta. Porque cuando disfrutamos, las cosas salen mejor que cuando no lo hacemos y además, por regla general, ayudamos a que los demás también disfruten del proceso.

Sonreír es positivo por partida doble. Contagia de energía positiva a los miembros del público y también refuerza la energía positiva en nosotros como presentadores. Está demostrado que mente y cuerpo son parte del mismo conjunto. Lo que piensa la mente incide de forma directa en el cuerpo y, del mismo modo, lo que hace el cuerpo afecta a nuestros pensamientos. Cuando sonreímos, estamos transmitiendo a nuestro organismo que estamos bien y, esto nos puede ayudar a controlar la ansiedad y a mejorar nuestro estado de ánimo y el de los que nos rodean.

Soy un fiel creyente de que una sonrisa puede cambiarnos el día y de que el hábito de sonreír puede cambiarnos la vida. Por ello, “Smile like you mean it” (sonríe como si quisieras hacerlo) como cantaban The Killers, y ganarás amigos en el escenario y fuera de éste.

Imagen por OMAR EL ZoMoR.

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Comentarios

  1. Hola Sebastian
    Excelente contenido, preciso, completo y bien resumido. Muchas gracias por tus publicaciones, hoy te he descubierto y seguire visitando tu blog.
    Saludos desde Lima Peru

    • Hola Mirna. Muchas gracias por tu comentario. Me alegra que te parezca de utilidad lo que publico en este blog. Cada semana publico, al menos, un nuevo artículo. Un saludo desde Palma de Mallorca.

  2. Hola Sebastián y amig@s de este fantástico blog,

    Cuanta razón veo que tienes en lo de la sonrisa Sebastián! Pienso que una sonrisa da vida, da confianza, da compañerismo, da compartir… ¿verdad?

    Bueno, pues ahora mismo, con una sonrisa en mi cara, te digo gracias por todo y hasta la próxima!

    Saludos y suerte,

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