Saltar enlaces

Por qué escribir un guión al preparar una presentación

Una vez, conversando con una amiga que ocupa un puesto de dirección en una empresa del sector turístico, llegamos a la conclusión de que en España la improvisación está bien vista. Que cuando llegamos a una presentación sin estar bien preparados y nos sale medianamente bien sentimos que somos unos cracks. Y como pensamos que lo somos y estamos tan ocupados con tareas “más importantes”, dejamos la preparación para último minuto. Y claro, el ensayo ocurre mentalmente en el taxi (o el avión) rumbo al lugar de la ponencia.

Error. Lo peor que podemos hacer si tenemos que dar una presentación es no prepararnos como toca. ¿Y cómo toca prepararse? Mucho. Tanto hay que prepararse que recomiendo, no sólo comenzar con mucho tiempo de antelación, sino escribir un guión de la presentación.

¿Para qué escribir un guión al preparar una presentación? 

1. Saber qué decir en todo momento

Hay personas a las que se les da muy bien improvisar sobre la marcha. Pero nadie es perfecto. Improvisando podemos perder el hilo muy fácilmente y corremos el riesgo de quedarnos en blanco.

Con un mapa de ruta claro no hay pérdida posible.

2. Ir al grano

Algunas de esas mismas personas a las que se les da muy bien improvisar pueden tener el don de no quedarse en blanco. Pero muchas veces no se quedan en blanco porque van hilando historias y temas interrelacionados uno con otro, pero terminan yéndose por las ramas. Y cuando esto ocurre, pueden verse en la situación de que lo que están diciendo poco tiene que ver con el punto de partida.

Un guión bien estructurado nos permite ir al grano sin salidas tangenciales.

3. Controlar el tiempo

Cuando hablamos sobre un tema pero el camino a recorrer no lo tenemos del todo claro, podemos sufrir un golpe de inspiración y ver cómo se nos pasa el tiempo volando. Y en un suspiro vemos que nos quedan cinco minutos y no hemos dicho ni la mitad de lo que pretendíamos.

Con un guión practicado, el tiempo de la ponencia es predecible.

4. Controlar los cambios

Si no tenemos una guía detallada de lo que comentaremos, a la hora de ensayar es fácil que las partes cambien sin que nos demos cuenta. Si no hacemos un seguimiento de esto, puede que se queden en el olvido detalles interesantes.

Con un guión podemos modificar el texto durante el proceso de preparación y ensayo, y siempre tener claro de qué hablaremos.

5. Usar como referencia en el futuro

Por lo mismo que lo anterior, si no tomamos nota, nada se queda grabado ya que las palabras vuelan en el viento. Y si quisiéramos repetir la misma ponencia, es altamente probable que no podamos hacerlo tal cual. O mejor aún, no seremos capaces de adoptar cualquier mejora propuesta por otra persona porque será complicado contrastarla con lo que hemos dicho (salvo que nos hayan grabado en vídeo).

Dejarlo todo por escrito permite, en el futuro, volver al texto de la ponencia y usarlo como referencia para otra presentación.

Pero no lo digo yo solamente:

“Tener un guión me sirvió para poder asegurarme de que el mensaje que daba tenía la precisión y el impacto que deseaba. En mi caso, tenía que hablar del futuro de las tecnologías y el sector travel, por lo que era fácil perderse en un contexto demasiado futurista y perder la oportunidad de transmitir algunos mensajes clave. Gracias a que el guión estaba muy trabajado y aprendido, conseguí moverme entre el ámbito aspiracional y realista con suficiente éxito. Agradezco los consejos de Sebastián y Declamatoria.” – Miquel Moyà, Industry Head – Travel, Google tweet

Cómo no usar el guión de la presentación 

Leerlo

No se trata de escribirlo de “pe” a “pa” y luego llevar la epístola consigo, ponerla en el atril y comenzar a recitarla. No. Aunque no está mal tenerlo cerca por si es necesario reforzar algún punto en concreto. Pero lo ideal es tener sólo los puntos clave escritos en una tarjeta o folio que tendremos convenientemente a mano (no en la mano), o incluir las notas en la vista del moderador de nuestro software de presentaciones predilecto. El guión es más bien una herramienta de preparación y no una chuleta.

Memorizarlo

Memorizar cada palabra es lo más cercano posible al suicidio comunicacional. Tiene dos grandísimos inconvenientes: (1) Si se nos escapa una palabra es complicadísimo continuar, porque cada una es como un eslabón en una cadena, que si falla, la cadena se rompe. (2) Recitar de la memoria hace que prestemos más atención a pensar en lo siguiente que debemos decir que a conversar con el público. Por ello, en lugar de memorizar el guión, ensaya tanto que quede interiorizado y salga de manera natural.

No salirse de éste

Por lo mismo que memorizar nos hace parecer autómatas, no permitirse la flexibilidad de salir del guión nos hace poco frescos o auténticos. Las reglas están hechas para romperse, pero sólo una vez las conocemos y sabemos aplicarlas. Lo mismo pasa con el guión. Es un mapa de rutas importante, pero dar el toque personal (sin salirse demasiado) es casi como tener una conversación espontánea.

Si quieres bordar tus presentaciones, no dejes nada al azar. Escribe un guión, practícalo, modifica el texto para que suene conversacional y hazlo parte de ti. Dirás lo que quieres decir y como quieres decirlo. Y con esto conseguirás los resultados deseados.

ENTRADAS RELACIONADAS

Imagen de Unsplash

¿Te gustó el artículo?

Suscríbete a mi newsletter y comienza a transmitir seguridad, a comunicar con pasión y a construir tu futuro.

Sin historias. Sólo contenido de valor.

Interacciones del lector

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *