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¿Qué te dices a ti mismo al subir al escenario?

Voz interior

Está demostrado que nuestros pensamientos afectan directamente a nuestras emociones y que nuestras emociones afectan directamente a nuestro comportamiento. El diálogo interno es parte fundamental de nuestros pensamientos y, por ello, un elemento decisor de nuestro éxito en la vida. Lo que nos decimos y cómo nos lo decimos determina los resultados que obtenemos, positivos o negativos, en todo aquello que hacemos.

Frases como “soy incapaz”, “no estoy preparado”, “los demás lo harán mejor” son capaces de garantizar la derrota incluso antes de comenzar la batalla, no por mero magnetismo sino, porque nos predisponen mental y físicamente a ser eso que nos decimos. Por el contrario, bombardearnos a frases como “estoy preparado”, “esto es para mí”, “voy a ganar” son combustible para nuestras emociones y energía para hacernos dar lo mejor que podemos. Más aun, el tipo de pensamiento al que nos exponemos, a la larga, termina definiendo quiénes somos porque el cerebro lo toma como pauta fija y es por ello que la frase de Buda “somos lo que pensamos” tiene tantísima relevancia.

Y como esto funciona con todo lo que hacemos, no estamos exentos de tal realidad cuando nos dirigimos al público, sino más bien todo lo contrario. Al subir al escenario y hacer nuestras presentaciones, nuestros pensamientos tienen tanta importancia como cuando buscamos alcanzar una meta; son determinantes de los resultados que obtendremos, de lo bien (o mal) que lo haremos, de la imagen que proyectemos. Aunque podría discutirse que, en estas circunstancias, aquello que pensamos tiene mayor relevancia por el simple hecho de que hablar en público provoca tal ansiedad que, por momentos, cuesta parar de pensar en las consecuencias de “olvidar nuestras líneas”, “quedarnos en blanco”, “decir tonterías”. Y es que, al hablar en público se suma la componente del miedo escénico que, si nos descuidamos, puede hacernos malas jugadas y tirar toda la preparación al traste. Es por ello que asumir el control de nuestro diálogo interno y de todo aquello que pensamos y cómo lo pensamos antes de y durante nuestras presentaciones, no sólo facilitará (o dificultará) la puesta en escena, sino también la imagen de nosotros con la que termine quedándose nuestra audiencia.

Más allá de todos los ejercicios de visualización y relajación que pueda haber, Darren LaCroix, Campeón Mundial de Oratoria de 2001, propone una manera efectiva de prepararse mentalmente justo antes de presentar para ayudarnos a vencer esos pensamientos derrotistas y aumentar las probabilidades de conectar con las personas a las que hablaremos. Se trata de contestar a las siguientes cuatro preguntas:

¿Cuál es mi intención? ¿Qué busco lograr con este discurso?

¿Estoy presente? ¿Está mi mente aquí y ahora?

¿Me divertiré? ¿Haré lo que haga falta para disfrutar de este momento?

¿Cómo daría esta presentación si supiera que es la última de mi vida? ¿Pienso darlo todo como si no hubiera un mañana?

Hacerse estas preguntas y reflexionar sobre sus respuestas no sólo nos pone en la frecuencia adecuada con nuestro objetivo como oradores sino que nos ayuda a enfocar nuestros pensamientos de manera efectiva, dejando atrás el diálogo interno potencialmente dañino o, al menos distractor, y permitiéndonos relajarnos y, a su vez, conectar mejor con el público.

La mente es muy poderosa y ese poder cobra mayor fuerza en situaciones de estrés. Por ello es fundamental saber reconducirlo. Lo que nos decimos y cómo nos lo decimos está estrechamente relacionado con nuestras emociones y comportamientos y, por tanto, mejor tomar consciencia y control para así poder ocuparnos de lo que realmente importa.

Imagen de Constantelevitation / Back To Reality

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Comentarios

  1. Muy bueno Sebastián, y me parece que esas 4 preguntas que recomienda LaCroix son válidas para casi todos los escenarios posibles en nuestras vidas.
    Un abrazo

Trackbacks

  1. […] Para asumir el control de los resultados, es fundamental tomar consciencia de nuestros pensamientos y de nuestro diálogo interior con respecto a nosotros mismos y a nuestra charla y, una vez identificados los patrones más habituales, fortalecer dichos pensamientos potenciadores y sustituir los contraproducentes. Más sobre qué cosas nos decimos al subir al escenario en este post. […]

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