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Quedarse en blanco: Qué hacer cuando se me olvida el guión

¿Qué haces cuando se te olvida el discurso y no eres capaz de retomar el hilo? ¿Te pueden los nervios y deseas que te trague la tierra, o te armas de valor y haces todo lo que esté en tus manos para volver al buen camino sin perder la compostura?

En varias ocasiones me he quedado completamente en la parra mientras he estado dando un discurso y, sinceramente, la experiencia es muy desagradable. El corazón comienza a latir a mil, el cosquilleo en el estómago se intensifica, y la voz interior que a priori teníamos controlada vuelve al ataque y nos recuerda hasta el mal del que vamos a morir. Afortunadamente, siempre he tenido la suerte de poder darle la vuelta a la tortilla y recuperarme. Pero he visto a otros que no han tenido tanta y, al ocurrirles tal infortunio, se han empequeñecido de tanto que han tenido que abandonar el escenario, cabizbajos y con el rabo entre las piernas.

Por muchas tablas que se tengan, quedarse en blanco puede ocurrirle a cualquiera. Por ello es importante tenerlo siempre presente y estar preparado para la ocasión, evitando memorizar el discurso en su totalidad (más sobre memorizar discursos) y sabiendo cómo salir del paso si la situación apremia.

¿Qué podemos hacer para recuperar el hilo de nuestras presentaciones cuando nos quedamos en blanco?

1. Mantener la calma

Sí. Éste es uno de los momentos más temidos al hablar en público y, cuando llega, es como si se cumpliera la profecía y ganase la maldita voz interior. Lo último que debemos hacer es perder la calma y, sobre todo, demostrarlo física o verbalmente (prohibidísimo hacer alusión al hecho de habernos olvidado de nuestras líneas). En ese momento, lo suyo es respirar, pausar e intentar recuperar el hilo. Desde el punto de vista del orador, una pausa más larga de lo habitual puede parecer una eternidad pero, para el público, no es más que parte del espectáculo.

2. Repetir la última frase

No me di cuenta de que hacía esto hasta que leí la recomendación por parte de Conor Neill, profesor de comunicación del IESE. Al perder el hilo de nuestro mensaje, repetir las últimas palabras que hemos pronunciado, inconscientemente, puede ayudarnos a volver a la idea que queríamos transmitir justo antes de perder la cabeza.

3. Improvisar

Cuando la mente nos hace malas jugadas hay que recurrir a su agilidad para salir del paso. Al olvidar lo próximo que debemos decir, podemos dar rienda suelta a nuestra capacidad de improvisación y ver qué sale de esto. Normalmente, hacerlo nos permite volver al buen camino en cuestión de pocas frases siempre que tengamos la estructura bien grabada en el subconsciente. Para que esto funcione hay que haber ensayado la presentación muchas veces y haberse familiarizado completamente con la estructura a seguir. Más sobre técnicas para improvisar en una entrada que escribí para el blog de Roger Prat.

4. Usar notas

No estoy a favor de leer discursos. Es poco natural e impide la conexión con el público. Pero tener preparada una chuleta como kit de primeros auxilios cumple dos propósitos: (1) aumenta la confianza, reduciendo el nerviosismo que supone pensar que olvidaremos nuestro texto al saber que tenemos una vía de escape, y (2) ayuda a recuperar el ritmo si hay un impasse. Es fundamental que las notas no consistan en una impresión verbatim del guión porque, con los nervios, no hay quien encuentre exactamente dónde continuar dentro de toda una parrafada. Las notas deben ser esquematizadas y resumidas, con frases cortas o palabras clave que representen una idea y que, al ser leídas, desencadenen el recuerdo del guión.

5. Interactuar con el público

Cuando nada de esto funciona, lanzar la pelota a la audiencia es una salida perfectamente lícita. Hacer una pregunta (no retórica), intentar generar debate o pedir una acción por parte de los miembros del público son todas acciones que confieren dinamismo a la ponencia y nos dan tiempo para reflexionar más tranquilamente sobre dónde debemos retomarla. Esto no quiere decir que dispongamos de todo el tiempo del mundo ya que, si (por ejemplo) hacemos una pregunta, debemos (al menos) parecer que estamos interesados en la respuesta para lo que es preciso dedicar algunos segundos a escuchar.

Lo importante es mantener la calma y no hacer evidente el que hayamos olvidado nuestro guión. Normalmente, somos los únicos que conocemos la estructura de la ponencia y los únicos que sabemos qué queremos decir al respecto del tema y cómo queremos hacerlo. Por ello, hacer una pausa más bien larga o irse por la tangente mientras se improvisa, no sólo está bien, sino que no tiene por qué parecer que no es el plan inicial.

¿Qué otros trucos utilizas para recuperar el hilo de tu presentación cuando se te olvida el guión?

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Imagen de Thomas Hawk

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