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Cómo recuperar la atención del público tras perderla por una chorrada

Frío en la sala

Hace unos días estuve escuchando un curso de audio sobre hablar en público y Darren LaCroix (de quien he hablado muchas veces en este blog) decía que, cuando presentamos, hay determinadas cosas cuyo control está completamente en nuestras manos (aunque, a veces, intentemos desviar la responsabilidad a otro).

Algunas de estas cosas son:

  • Tener un plan B por si el equipo audiovisual no funciona
  • Descansar lo suficiente antes de presentar para tener buena cara y mejor desenvolvimiento
  • Practicar y mejorar nuestro discurso hasta poder bordarlo

El que alguna de estas cosas salga mal y la presentación termine siendo un fracaso es culpa nuestra como presentadores, sin lugar a la menor duda.

Lamentablemente, hay ciertos factores que escapan nuestro control, como son la temperatura en la sala, el nivel de luminosidad o el ruido que pueda venir desde fuera. Y, si bien hay poco que podemos hacer para controlarlo, es inevitable que cuando uno de estos factores resulta incómodo puede distraer a quienes nos escuchan y minar su capacidad de atención.

Qué hacer para recuperar la atención del público tras perderla por algo que escapa nuestro control

Cuando esto sucede, Darren recomienda lo siguiente:

  • Reconocerlo explícitamente
  • Dar a entender que la situación escapa nuestro control
  • Admitir que es molesto y luego continuar

Esto ayuda a redirigir la atención del público evitando que pasen el rato pensando “¡Qué frío! ¿Cuándo apagarán el aire?”. Saber que no hay solución no es un consuelo, desde luego, pero al menos contesta a la pregunta y da permiso a seguir intentando prestar atención.

¿Cómo hacer que el aire acondicionado no sea un punto de conflicto?

En mis cursos, un punto de conflicto habitual es la temperatura de la sala. Algunos somos menos frioleros que otros y podríamos tener el aire a tope durante toda la sesión. No obstante, si bien lo mantengo a una temperatura (a mi juicio) moderada, es cierto que llega un momento en el que, tras mucho retorcerse, alguien pide clemencia.

Dado que tenemos cómo regular la temperatura, designo inmediatamente a la primera persona que menciona el asunto como encargada del aire acondicionado. Esta persona se encargará de apagarlo cada vez que sienta frío. Cuando yo entiendo que comienza a hacer calor y, tras haberle dado un tiempo de gracia para que recuperen la comodidad, le hago una seña para que encienda de nuevo. Si alguien vuelve a tener frío ya sabe a quién dirigirse sin hacer del asunto algo grave.

Resuelve cualquier incomodidad que pueda tener el público rápidamente. Pero si no es posible, reconoce abiertamente todo lo que escapa tu control y sigue adelante con tu charla. Aliviarás las dudas existenciales de algunos.

Imagen de Allan Foster

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Comentarios

  1. La publicación esta bien didáctica, esta interesante.
    También la pag. web esta bien diseñada, la recomendare.
    Agradecido.

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