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Riesgos de no preparar una presentación y por qué nos preparamos tan poco

“En casa del herrero, cuchillo de palo.” tweet

Dice así la frase popular indicando que el que sabe de algo, en muchas ocasiones no lo aplica.

Y lo reconozco. A veces uso cuchillos de palo.

Si eres lector/lectora habitual de este blog, te habrás dado cuenta de que ofrezco herramientas y técnicas útiles para comunicar, presentar y hablar en público de manera efectiva. Todos los consejos que ofrezco se basan en experiencia personal contrastada a base de prueba y error, o prueba y acierto. Y, si bien defiendo ciegamente lo que te cuento porque sé que funciona, debo admitir que, en ocasiones (pocas) no pregono con el ejemplo.

Por pereza, prisa, prioridades y un largo listado de excusas (porque no son más que eso: excusas), a veces no hago lo que recomiendo. Y claro, me tengo que tragar las consecuencias.

No preparar una presentación como toca es peligroso

El miércoles pasado di un discurso en Toastmasters. Este discurso era especial. Hilario, el presidente del club, me pidió hacer de portavoz para captar voluntarios para la organización del concurso de área que se celebrará en Palma el sábado 21 de marzo.

Confiando en mi experiencia, en mi capacidad de verborrea y en el conocimiento teórico sobre el tema, no saqué el tiempo para prepararme como es debido. Y eso que tampoco hacía falta demasiado. Llegué a la reunión, a pelo, 15 minutos antes de que empezara. Y, en un instante, bosquejé la estructura de lo que quería decir en tres partes, e incluí algunas palabras clave sobre el contenido a tratar. Con esas notas, salté a la piscina. 

El no pensar cuidadosamente en lo que se va a decir, estructurarlo con esmero, redactarlo punto por punto y ensayarlo de manera incansable implica diversos peligros.

1. El peligro de hacerlo mal

Irse por las ramas y pasarse de tiempo. Por muy enrollado que seas y por mucho don de palabra que tengas, el no tenerlo bien preparado puede hacer que pierdas el hilo y comiences a contar tu vida en verso sin que venga a cuento. Y, al final, la gente comienza a preguntarse: “¿por qué me está contando esto?”

2. El peligro de no ser capaz de hablar

La falta de preparación es uno de los grandes detonantes de la ansiedad al hablar en público. No ensayar lo suficiente como para que el discurso fluya aumenta las probabilidades de tropezarse en el camino. Y si el tropiezo es grande, el agobio aumenta, y la mente se puede quedar en blanco.

Sin preparación se dificulta la consecución de los objetivos

Volviendo a mi historieta… No me quedé en blanco. Es la ventaja de tener años de práctica y de ser muy “hablador”: ya no me quedo sin palabras. Pero sí que me fui por las ramas y me pasé del tiempo que me tocaba. Quería hablar tres minutos. Hablé ocho.

Para empeorarlo más, no sólo me alargué más de lo previsto en algunas partes, sino que me dejé cosas importantes sin mencionar.

El objetivo de mi intervención era motivar al público a participar en el concurso de discursos de nuestro club y luego el de nuestra área de Toastmasters. Como concursantes o como voluntarios.

¿Lo logré?

La reacción del público durante el discurso me decía que sí. Veía como la gente sonreía, asentía y me prestaba atención.

Pero la realidad es que hubo un solo chico que se interesó en formar parte del grupo organizador. Y no he sabido de nadie más. Al menos nadie se ha puesto en contacto conmigo.

Si hubiese estructurado mejor y ensayado (incluso una sola vez), seguramente habría logrado mejor mi cometido.

Lo más importante es saber medir lo que está en juego 

¿Por qué no me preparé como digo siempre que hay que hacerlo? La realidad es que da pereza. No conozco a nadie que disfrute de la preparación de una presentación. La mayoría lo dejamos para el último minuto.

En este caso concreto, no había mucho en juego. Tenía bastante bien medido el riesgo y sabía que, aunque no me saliera bien, las consecuencias no iban a ser dolorosas. No iba a perder un cliente, no iba a dejar de cerrar una venta, no iba a pasar nada realmente grave. El riesgo era bajo y las consecuencias asumibles.

Pero yo te pregunto: ¿Cuánto te juegas en las presentaciones que tienes que hacer? ¿Cuál es el riesgo de que la reunión salga mal por no haberla preparado bien? ¿Qué perderás si metes la pata? O dicho al revés, ¿cuál es el premio si todo sale como te gustaría? ¿Qué ganarás si lo bordas? ¿Qué supone tener éxito?

Nunca te diré que salgas a hablar en público sin prepararte. Por muy bajo que pueda ser el riesgo. Pero si, como a la gran mayoría de las personas, te da mucha pereza hacerlo, al menos hazte estas preguntas. Las respuestas serán la clave que determinará el tiempo que tendrás que dedicarle antes de salir a hablar.

El éxito sólo depende de ti. 

Y tú, ¿qué experiencias has tenido al dar una presentación poco preparada? ¿Cuáles han sido las consecuencias? Deja un comentario para continuar con la conversación. 

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