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Si no tienes paracaídas, no saltes: Usar chuleta en las presentaciones

Hace muchos años, en la televisión estadounidense, había un anuncio que tenía como fin concienciar a la población sobre el uso del preservativo como medio para protegerse de las enfermedades de transmisión sexual. En inglés decía: “Si no tienes paracaídas, no saltes”.

Es una frase tan obvia que parece tonta, porque a ningún humano con dos dedos de frente se le ocurriría saltar desde un avión sin tener el equipamiento necesario para aterrizar sin terminar pareciendo un pollo deshuesado.

Por alguna razón, hay mil y una prácticas de la vida cotidiana en las que nos sentimos tan a gusto, tan confiados, que dejamos de tener las precauciones necesarias para evitar imprevistos. Por ello, conducimos con una mano y hablando por el móvil, patinamos sin usar casco (reconozco que lo hago), cruzamos la calle fuera del paso de peatones y realizamos una serie de actividades, a priori banales, que cuando menos lo esperamos podrían suponer contratiempos, sustos o, incluso, catástrofes.

Sin paracaídas, no saltes del avión, del techo ni del muro que da a la calle

Uno de estos deportes extremos es hablar en público. En tantas ocasiones nos lanzamos a los leones sin la protección necesaria, creyendo que con una silla y un látigo es suficiente para domarlos. Y no nos damos cuenta de que, en determinados casos, sin una armadura de titanio, la supervivencia puede dificultarse.

Y es que nos encanta presumir de galones y experiencia y, por ello, no damos la importancia que toca a las oportunidades que se nos plantean a la hora de hablar frente a grupos de personas. Oportunidades que, mal aprovechadas, son contraproducentes.

Paracaídas, condones y presentaciones 

Y no pretendo hablar de la correcta preparación y de la práctica incansable antes de una presentación de cualquier tipo. Ambas las doy por sentadas. Me refiero al método más sencillo de protección, el paracaídas retórico, el condón de las presentaciones que puede salvar a cualquiera de un impasse francamente incómodo. Hablo de la chuleta. Hablo de las notas.

En varias ocasiones, los nervios me han jugado malas pasadas y me he quedado completamente en blanco. ¿Mala preparación? Puede ser. Pero lo que está claro es que no supe cómo recuperarme del mal trago por no tener a mano un juego de notas que me permitiera recuperar el hilo de la presentación sin que se notara que estaba perdido. Un simple vistazo a una palabra clave habría sido suficiente.

Pero ¿qué hacer para evitar situaciones engorrosas? 

Usar chuleta en las presentaciones como antídoto para las lagunas mentales

Durante el proceso de preparación, ten en cuenta los siguientes pasos en previsión de un ataque de amnesia:

1. Haz un listado escrito de las ideas principales que estructuran tu presentación y memorízalas durante el proceso de verbalización (mejor conocido como ensayo).

2. Resume estas ideas en palabras clave. En lugar de decir “La vida en Palma de Mallorca es agradable y divertida”, reescribe la idea con “Palma divertida”. Esto te permitirá escribir con letra más grande y echar vistazos más veloces sobre las notas.

3. Escribe las ideas resumidas en una ficha o trozo de papel tan pequeño como se pueda, en letra clara y tan grande como el papel lo permita. Recuerda, vistazos rápidos y, de ser posible, lejanos.

4. Haz dos juegos de esas notas. Ten uno en el bolsillo y otro en la mesa o podio cercano a ti durante la presentación. Así evitarás ponerte más nervioso si se te pierde el original, cosa que pasa con frecuencia.

5. Durante la ponencia, no tengas las notas en las manos y sácalas sólo cuando las necesites. Así no se darán cuenta del tembleque que llevas. Si lo haces sin poner muecas o mostrar una sonrisa nerviosa, le prestarán muy poca atención cuando las saques.

Nunca saltes sin paracaídas. Ten siempre a mano unas buenas notas y saldrás airoso de cualquier lapsus mental.

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Comentarios

  1. Un detalle muy importante es el papel que utilizas para hacer las notas. Cuanto más fino sea, más te delatará si estás nervioso. Cuando a uno le entran los nervios de tener que hablar en público – especialmente si se acaba de quedar en blanco – y se pone a temblar, el papel temblará con él. Para evitarlo lo ideal es utilizar una ficha de papel grueso y rígido. O, si eso no es posible, buscar el modo de no tener que sostener el papel en la mano.

    • Efectivamente, Roger. Las manos tiemblan y delatan que estamos nerviosos. Por ello sugiero tener las notas cerca pero no en las manos. Por supuesto, cuando haya que sostenerlas, desde luego una ficha gruesa viene siempre mejor que un folio cualquiera. Gracias por la aportación.

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