Después de este vídeo, sabrás exactamente por qué la gente no confía en ti a la primera... y cómo cambiarlo para que tus ideas triunfen.

Ahora, puede que pienses, como me dijo un alumno, director de mantenimiento de una empresa hotelera: 

“Sebastián, yo no he venido aquí a hacer amigos, he venido a trabajar”

Te tengo una confesión: la confianza no es un extra. Es el pegamento que une a los equipos y el lubricante que acelera la toma de decisiones.

Quédate y te daré un plan para dejar de ser invisible. Como vimos, la visibilidad sin conexión es postureo, y hoy necesitas ambas para que tu carrera sea imparable.

Imagina esta situación. Te acaban de ascender a manager, y tienes tu primera reunión con el equipo. Llegas con tu mejor atuendo, una presentación impecable y un discurso lleno de datos. Crees que lo tienes todo. Pero en cuanto te sientas, te cruzas de brazos, miras al monitor y recitas tus diapositivas, leyendo palabra por palabra, con la misma emoción que un robot.

Y el resultado es demoledor. Tu equipo no te mira, se desconecta y, lo que es peor, no se fían de ti, porque no son capaces de ver tu “yo” auténtico. Y si no se fían, no te seguirán. Da igual todo lo que sepas…

El problema no es tu conocimiento. En este caso, el es que tu cuerpo y tu voz están gritando una cosa, mientras tus palabras dicen otra. Y en ese conflicto, la gente, inconscientemente primero hace caso a tu cuerpo, luego a tu voz y finalmente a tus palabras. Y si no concuerda, desconfían.

Hoy te voy a dar algunas claves para dominar tu lenguaje no verbal, usando mi modelo de la matriz del carisma natural, partiendo de tres trucos mentales para ganarte a las personas desde la autenticidad: 

Estos son: Cercanía, Convicción y Curiosidad. No para que te hagas el simpático, sino para que seas un profesional con el que la gente quiera trabajar. 

Empecemos con la primera clave, la Cercanía

Mucha gente confunde la cercanía con ser un payaso en la oficina. ¡Mentira! La cercanía es la demostración de que no eres una amenaza. Es una señal evolutiva. Piensa que, antiguamente, los extraños eran percibidos como amenaza. 

Hoy en día, en una sociedad civilizada moderna, aunque no vivimos bajo amenaza de muerte, seguimos reaccionando instintivamente con la misma suspicacia ante las personas que no conocemos. Son desconocidos y no nos inspiran confianza.

Para acercarte a los demás, tienes que romper lo que yo llamo «personajes corporales». Son analogías de ciertas malas prácticas de lenguaje corporal que nos alejan de los demás. Por ejemplo, el «Friolero» que se cruza de brazos o el «Enfadado» que no sonríe. ¿Qué tal si en su lugar, apoyas los codos sobre la mesa y gesticulas de forma natural, mientras proyectas una expresión facial amable? Muestra las palmas, como si no tuvieras nada que esconder. 

Ábrete de brazos en señal de invitación y sonríe cuando hables de temas que te entusiasmen. Con esto, le estás diciendo a tu cerebro y al de los demás: «No tengo nada que ocultar y vengo en son de paz».

Y una vez que demuestras que no eres una amenaza, pasamos a la segunda C: la Convicción

¿Cuántas veces has visto a alguien con una gran idea, pero que la presenta con una entonación de pregunta, como si necesitara tu aprobación? Esa inseguridad mata tu credibilidad.

Escucha la diferencia:

Versión 1 con entonación ascendente: 

Estoy seguro de que funcionará.

Versión 2 con entonación descendente: 

Estoy seguro de que funcionará.

La convicción es esa creencia inquebrantable de que tu idea va a funcionar. Y aquí, tengo que ser directo: un alto nivel de convicción sobre una idea mediocre mueve más a las personas que una gran idea sin pasión. Proyectarás convicción con una postura erguida, una voz con tono descendente (como en el ejemplo) y un lenguaje corporal que apoye tus palabras. 

No se trata de improvisar, sino de haber interiorizado tus gestos y movimientos para que fluyan de manera natural con tu mensaje.

Por ejemplo, en una presentación, no te encorves como «el Jorobado». Imagina que un hilo te estira desde la coronilla mientras mantienes los pies bien plantados. Eso, de manera inconsciente, proyecta autoridad y fuerza. 

Y usa un lenguaje asertivo. No digas «creo que podríamos hacerlo» y asumas una postura encorvada. En su lugar, proyecta «Estoy convencido de que este es el camino» con una postura erguida y hombros hacia atrás.

Ok, Ya has demostrado que eres de fiar y que sabes de lo que hablas. Ahora viene la tercera C, mi favorita: la Curiosidad

El mayor error tiene que ver con el ego y es obsesionarte con ser el centro de atención. La clave no es caer bien. La clave es lograr que la otra persona sienta que te cae bien a ti. Y eso se consigue mostrando un interés genuino.

La forma más simple de usarla es dejar de hablar y empezar a preguntar… pero no solo con tus palabras. Usa la escucha activa, y demuéstrala con tus gestos. En lugar de soltar un monólogo, pregunta con tus palabras y tu cuerpo, de frente: «¿Qué te motivó a entrar en este proyecto?». 

Acompaña esa pregunta con una ligera inclinación de cabeza, las cejas levemente levantadas y un contacto visual que invite a la conversación. Esto valida a la otra persona y le da permiso para abrirse. Así, te conviertes en un aliado, no en un rival.

Y esto no es solo teoría. Vanessa Van Edwards, investigadora y fundadora de Science of People, afirma que decidimos si una persona nos cae bien y si confiamos en ella en cuestión de segundos, incluso antes de que escuchemos lo que dice. Si tu lenguaje corporal no proyecta que eres un aliado en quien se puede confiar, esa oportunidad de conexión se esfuma antes de que abras la boca.

Mi pregunta es: ¿cuál de estas 3 C’s necesitas trabajar más para que te vean como aliado de confianza?

  • Cercanía: para que las personas se sientan cómodas contigo.
  • Convicción: para que te perciban como alguien que tiene el control.
  • Curiosidad: para que se sientan importantes en tu presencia.

Cuéntamelo en los comentarios.

En el próximo y último vídeo de esta serie, te hablaré del tercer pilar: la comunicación persuasiva. Porque de nada sirve que te vean y confíen en ti, si tus ideas no inspiran acción.

Y si este vídeo te ha servido, compártelo con otro manager que, como tú, sabe que la confianza es la moneda más valiosa del mundo profesional.

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Mi nombre es Sebastián y, si eres como yo, tienes ideas con ganas de ser escuchadas. Descubre cómo hacer que te lleven a donde quieras.

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