¿Qué haces cuando un proyecto va mal? ¿Te escondes? ¿Culpas al equipo? ¿O afrontas la situación, sabiendo que el cliente te espera con el hacha en la mano?
A todos los líderes les ha pasado: los plazos se alargan, los costes se disparan o tu equipo comete un error que te deja en la cuerda floja.
La tentación es evitar la conversación, pero una mala noticia mal comunicada — o postergada hasta que explota — es una bomba de relojería.
El cliente o tu superior tarde o temprano se enterará. La confianza se irá por el retrete y, lo que es peor, tu reputación profesional se irá con ella.
En este vídeo aprenderás la técnica de los 3 pasos para dar malas noticias con asertividad, mantener la calma y, sobre todo, la confianza de quien te escucha. Descubrirás cómo convertir una crisis en una oportunidad para demostrar que eres un profesional de verdad, resolviendo problemas sin que el cliente termine odiándote.
La clave para evitar que explote la bomba atómica es dejar de ver la situación como un callejón sin salida y empezar a gestionarla con una estrategia clara.
Es común que, ante situaciones como esta, las personas fallen. Porque, como a nadie le gustan las situaciones incómodas, acabamos improvisando o, peor aún, maquillando la verdad.
Pero la asertividad se basa en la honestidad, la objetividad y la firmeza, con un toque de empatía. Así que, vamos a por los 3 pasos.
Y vamos a usar un ejemplo hipotético en el cual, tienes que entregar un proyecto a un cliente.
Paso 1: Reconoce el problema, mostrando empatía.
Una mala noticia es la muestra de una realidad que no está alineada con las expectativas de la otra persona. Y eso frustra.
Ante una situación como esta, en la que el cliente esperaba una fecha de entrega y ahora le anuncias una posterior, lo primero que busca el cliente no es una explicación técnica, sino saber que comprendes la situación.
Quieren sentir que su frustración te importa y que estás conectado con lo que están viviendo. Si no logras eso, pueden percibirte como distante, poco profesional o como un mercenario al que no le importas.
Por eso, el primer paso es demostrar que entiendes lo esencial del retraso, que reconoces el impacto negativo (a nivel profesional e incluso personal) y que estás alineado con sus expectativas, no con tu propio interés.
Empieza con algo como: «Sé lo importante que era este plazo para ti y entiendo perfectamente tu frustración. Este retraso es inaceptable.»
Esta es la “Empatía” de la fórmula asertiva. No te pones a la defensiva, sino que demuestras que has escuchado y que sus prioridades son también las tuyas.
Esto te posiciona como su aliado, trabajando juntos para resolver el problema —no como alguien que trata de justificarlo.
Paso 2: Presenta la evidencia. Sin excusas, solo hechos.
Una vez que has demostrado que eres su aliado, toca defender tu postura con hechos, no con opiniones.
Los clientes no quieren oír “creo que esto pasará” o “me parece que lo arreglaremos”. Quieren evidencia; promesas objetivas de cumplimiento
En este punto, la franqueza es tu mejor baza.
Explica la situación sin titubeos: “El problema es que la actualización del software ha provocado un error en la base de datos que no habíamos previsto.”
Y luego, presenta la evidencia: “Hemos analizado el histórico de errores de este tipo y el 97% de las veces hemos logrado resolverlos en menos de 48 horas.”
Este tipo de dato objetivo, respaldado por un caso real, aumenta tu credibilidad y reduce la percepción de riesgo a ojos de la otra persona, ya que te muestra como alguien que está en control a pesar de las circunstancias.
Paso 3: Propón un plan de acción. Y hazlo con convicción.
No te quedes en el problema. El cliente contrata soluciones.
Por eso, el último paso es demostrar que, a pesar del contratiempo, tienes la situación bajo control y un plan claro para salir de esta.
Esto es lo que te posiciona como un profesional confiable.
“Mi equipo ya está trabajando en la solución y he asignado a dos ingenieros senior exclusivamente a este problema. He revisado sus horarios y sé que lo tendremos arreglado antes del viernes, de manera que no afecte la implementación final del proyecto.”
Con esta actitud resolutiva, le quitas el peso de la preocupación de los hombros y le das una fecha para que se tranquilice.
Un estudio de Harvard, en conjunto con otras tres universidades americanas, reveló que el proceso de toma de decisiones no es meramente racional y que las emociones influyen de manera poderosa y predecible. Por eso, comunica tu plan con empatía, convicción y entusiasmo, a pesar de las circunstancias, y confiaremos en ti con mayor facilidad.
Al final, de eso va todo. No es solo dar la cara cuando las cosas no van bien o según lo previsto.
Es dar la cara con una estrategia que demuestre que, en un momento de crisis, sea con clientes o internamente en tu empresa, eres el profesional que todos quieren tener a su lado.
Reconoce el problema, presenta la evidencia y ofrece una solución con convicción; siempre desde la empatía.
Verás cómo, en lugar de sudar frío, mantendrás la frente en alto y se abrirán las puertas a nuevas oportunidades.



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